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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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05 Septiembre 2015 04:05:34
Gay, panista y… antigay
La vida privada de los personajes públicos no nos debe importar. Salvo cuando tiene implicaciones públicas. Hoy, las redes sociales están llenas de fotos, chismes, rumores y videos que intentan decirnos qué hace fulano y con quién, como si fuera relevante para definir su trabajo. Lo que se hace en privado es asunto exclusivo de los involucrados, siempre y cuando todo sea legal y consensuado, porque ése ya es otro tema.

Pero llegamos a un dilema cuando el sujeto evidenciado resulta ser alguien que públicamente posiciona su carrera y su imagen en determinadas causas y su vida privada es una exhibición de su incongruencia. Me explico: todos reprobaríamos que un zar antidrogas fuera evidenciado dándose unos pericazos, un hombre autoproclamado feminista golpeando a su mujer, un líder marxista-leninista conduciendo un BMW, un militante del PVEM usando botas de piel de cocodrilo (¡eso ya pasó!) o una figura pública convertida en portavoz de determinada causa y cuyo proceder en privado es el más contundente desmentido a su discurso. Ya de los “hipócritas” mucho se ocuparon los griegos y los latinos.

Hace días la revista Proceso reportó el caso de Héctor Mendizábal Pérez, líder potosino de Acción Nacional y diputado local electo, de quien se filtraron fotos en las que se le observa feliz, abrazando y besando a quien, entendemos, es su pareja. ¿Qué tiene de malo? Nada. Sí, su pareja es otro hombre; de hecho, fue a través de su cuenta de Twitter que las fotos se hicieron públicas. A nadie le importa quién hace qué y con quién, mientras sea en el marco de la ley (es decir: entre adultos y por consenso).

El dilema está en que esto se dio a conocer cuando el Congreso de San Luis Potosí discute sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, tema que le saca ronchas a los panistas, pues hace sangrar su histórica retórica de derecha anquilosada (¡hasta el papa Francisco ha suavizado las recalcitrantes posturas de la Iglesia!).

La doctrina del blanquiazul sobre asuntos de la agenda progresista es de un sonoro y rotundo no. A pesar de que tantos de sus militantes (sobre todo los más jóvenes y educados) ni de chiste comulgan con tanta imprudencia moralista.

Vaya dilema para quien forma parte de la lista de militantes, pero también pertenece a la comunidad LGBT, que no es cobijada por los blanquiazules. Cuántas declaraciones de panistas hemos escuchado reprobando y condenando con autoridad casi religiosa a quienes forman parte de la diversidad sexual.

¿Y qué pasó? Pasó un boletín de prensa que emitió donde se lee: “En todo momento –el PAN– hace hincapié en el respeto a los derechos de la vida privada, al honor, a la intimidad y a la propia imagen (...) puntualizamos el valor de la persona que todos los individuos tenemos, por lo que Acción Nacional siempre ha abogado por la no discriminación y la eminente dignidad de toda persona...”.

Y nos llegan las preguntas: ¿no es acaso la negativa a un derecho tan elemental como el matrimonio una forma de discriminación?, ¿no es eso lo que escriben en su boletín, la causa y defensa de los asuntos progresistas a los que ellos se oponen? Qué peligrosa es la doble moral, resulta un acto de completa deshonestidad.

Además, el partido alegó sobre “el uso de las redes sociales como medio para las amenazas y la extorsión”.

¿No ellos también han revelado –y gozado– con la difusión de escándalos ventilados en tales plataformas? Ah, la doble moral, tan absurda y dañina cuando se mira tan de cerca...

EPÍLOGO. El problema es que en México no hay un partido libertario: uno cuya plataforma defienda las libertades sociales e individuales y las libertades económicas con el mismo ahínco.

Ahí cabrían tantos panistas, perredistas, priistas que tienen que meter “al clóset” muchas de sus posturas personales, por culpa de la “agenda del partido”...
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