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12 Abril 2018 04:00:00
Globalización y bimonetarismo
La realidad es que la globalización por sí sola se muestra incapaz de dar respuesta a los problemas más acuciantes del crecimiento y del desarrollo, y en cambio, tanta apertura amenaza con colapsar la estructura de la oferta y de la demanda mundial de bienes, mercancías y servicios.

Nos acercamos al peligroso punto en que los costos de producción no podrán bajar más, en que el mercado será incapaz de absorber tanta mercancía y en que la producción tendrá que aminorar el ritmo para evitar la saturación de los stocks y de los inventarios.

La globalización ha creado un espejismo de bonanza en una sociedad cada día más consumista, pero no por ello en mejor situación –cualitativa y cuantitativamente- que las generaciones pasadas.

Por algunos instantes parecería que estamos dispuestos a dejar atrás las concepciones que encasillan, como países desarrollados, subdesarrollados, países del primer, del segundo o del tercer mundo, para dar el paso hacia modernos protectorados.

Desde mi perspectiva y como lo expliqué en 2006 en mi libro “La órbita del dólar”, editorial Random House, distarán de parecerse a la integración alcanzada por la Unión Europea (UE), un modelo irrepetible por las circunstancias históricas y por la maduración de las políticas comunes en un lapso de varias décadas -60 para ser exactos- un tiempo que parecería demasiado para cualquier proceso al borde de iniciarse ahora mismo.

Hay prisa, una premura por romper el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial, por llevar el mundo hacia otros senderos y en Asia con el liderazgo de China se ve cada día más visible.

Una de las contradicciones de la globalización es que, mientras defiende la libertad, a favor del comercio, de las finanzas, del capital y de la economía, fomenta al mismo tiempo la creación de bloques que son, precisamente, lo contrario al liberalismo, pues implican el resurgimiento del proteccionismo.

Los bloques serán una especie de nuevas murallas cerradas hacia fuera y activas hacia adentro, lo que tendrá una repercusión en el comportamiento de las monedas y en el sistema cambiario global.

Aunque, al menos en este momento, Estados Unidos y Reino Unido están dando un paso hacia atrás en este tema, eso no impide que la UE se fortalezca; que Rusia lidere su propio proyecto regional integrador así como China.

Habrá que poner mucha atención ya la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha venido alertando a la comunidad internacional acerca de las perspectivas negativas que un desequilibrio en el comercio tendría en el sistema monetario y financiero global.

A COLACIÓN
Y también desde hace tiempo, el mismo organismo ha puesto el dedo en la llaga advirtiendo que la subvaluación de las monedas podría derivar en un proceso de devaluación competitiva cuyos efectos sobre la economía mundial serían tan desastrosos como lo fueron en los años treinta del siglo pasado.

Se trata de una alerta que no puede dejarse pasar de largo y que obliga a los organismos internacionales a buscar coherencia en todos los órdenes y niveles: Financiero, social, monetario, cambiario, comercial, económico, geoestratégico y geopolítico.

Definitivamente, la táctica de la sobrevaluación o devaluación de una moneda, de un bloque frente a otro para ganar en competitividad comercial, no puede dejarse al libre arbitrio. Arriesgarnos sería tomar un sendero sin retorno y caer en un escenario de guerra comercial con monedas devaluadas o subvaluadas.

Por eso es cada vez más imprescindible el surgimiento de un gran organismo monetario mundial que regule y establezca parámetros de acción. En espera de que eso suceda los países –integrados o no, en bloque o fuera de ellos- deberán instrumentar políticas que los preparen para seguir enfrentando la volatilidad y los efectos cíclicos de Estados Unidos, país con un impacto real en la recuperación de la economía mundial.

Tampoco debemos descartar que el bimonetarismo, del dólar y del euro, llevará seguramente al surgimiento de otras monedas como parte de los procesos de integración (el yuan quiere la mayoría de edad).

De allí la necesidad de anticiparse al escenario y crear un organismo que goce de credibilidad y que sea democrático en sus procesos internos para establecer los parámetros, las regulaciones y las políticas que deriven de un sistema monetario multilateral.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

@claudialunapale
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