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Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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24 Enero 2015 05:10:58
Gobernar bajo sospecha
Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia de México en medio de fuertes señalamientos, impugnaciones electorales y un estigma a cuestas: ser el candidato de la televisión.

El proceso mediante el cual el gobernador del Estado de México fue catapultado a la candidatura presidencial, desde la principal televisora del país, es de sobra conocido. Cualquier gobierno surgido de una intervención descomunal como la que se dio en el caso de Peña Nieto no podía sino empezar bajo la sospecha de que su actuación estaría atrapada en los intereses particulares de quienes habían intervenido y trastocado, aun antes de empezar, el proceso electoral para favorecerlo e instalarlo en la Presidencia.

La estructura paralela que se creó para la obtención de recursos millonarios, de origen desconocido, que pudieron concentrarse y, después, dispersarse con la colaboración de una institución financiera, fue bautizada como el “Monexgate” por los periodistas que investigaron el caso. La sombra de duda con la que llegó a la Presidencia, por este tema, tampoco fue despejada por autoridades electorales u otras. Se dejó sembrada la sospecha con este tema irresuelto.

Concluido el frenético proceso de reformas estructurales, a partir de las cuales se pretende “mover a México”, se esperaba la llegada de grandes capitales y la efervescencia de los grandes negocios. Con el actual panorama, sobre todo petrolero, no es fácil saber si esa expectativa se verá cumplida. Por la manera en que se han hecho las cosas, otra duda quedó sembrada: al promoverse cambios radicales para la inversión y los grandes contratos, y no acompañarlos con mecanismos fuertes e institucionales que eviten prácticas depredatorias, pillaje y corrupción, deja lugar a la suspicacia. ¿La impericia o ineficacia es lo que explica la, hasta ahora, grave omisión o, simplemente, se prefiere tener menos ataduras?

No contar, a estas alturas, con un sistema anticorrupción, autónomo e independiente del poder político al que deberá vigilar no hace sino abonar a la sospecha.

Peña Nieto va de mal en peor en lo que corresponde al tema anticorrupción y transparencia, a pesar de que preside un organismo mundial que, se supone, fue inventado para eso.

La más reciente revelación, a cargo de WSJ, es sobre la adquisición de una propiedad en un club de golf en Ixtapan de la Sal a la familia de su compadre y contratista, cuando tenía apenas unas semanas de haber llegado al cargo de gobernador. La constructora de sus amigos obtuvo por lo menos 8 contratos por una cifra de 1,666 millones de pesos durante el gobierno mexiquense de Peña Nieto.

En un año con Peña de presidente, el consorcio de la familia San Román obtuvo 13 contratos con la SCT por 596 millones de pesos. Antes de Peña Nieto, sólo había obtenido un contrato.

El caso de la “casa blanca”, el de “la otra casa de las Lomas” y el de la “casa de Malinalco” reproducen, esencialmente, un serio conflicto de interés. La Presidencia niega su existencia, pero queda claro que la menos indicada para resolver si tal conducta existe es, precisamente, la Presidencia.

Ni uno solo de los casos que se han expuesto públicamente sobre la condición patrimonial de Enrique Peña Nieto, su familia y su entorno más inmediato ha tenido una explicación satisfactoria. Los cuatro casos revelados por periodistas, y que lo relacionan con contratistas de sus gobiernos, han afectado, seriamente, la credibilidad de la figura presidencial. Los escándalos, mal resueltos y con explicaciones que no convencen a nadie, han dado en la línea de flotación de una Presidencia propagar que detrás del escándalo de las casas y de las movilizaciones por los jóvenes de Ayotzinapa hay propósitos “desestabilizadores”, como si las casas no estuvieran ahí y como si los jóvenes no hubieran desaparecido.

A Peña Nieto le quedan por gobernar dos tercios de su mandato. Si quiere mantenerse en el poder con una estabilidad política y social básica, no deberá oponerse a transformaciones de calado que no atina a hacer cosas que realmente la comprometan.

Peña Nieto no da visos de querer o poder, realmente, explicar el origen de su patrimonio y posesiones. No atina a impulsar un verdadero sistema anticorrupción que convenza a una sociedad cada vez más enojada y escéptica.

profundo. Hasta el momento, no ha sino desperdiciado, con retórica, las innumerables ocasiones en que ocupa la escena pública. Sin transparencia, sin un sistema eficaz de combate a la corrupción y sin clarificar los escándalos patrimoniales y de Ayotzinapa, no es imaginable que se pueda gobernar, así como si nada, cuatro años más bajo sospecha.
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