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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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03 Enero 2017 03:00:00
Gobierno embustero
La versión de que el gobierno de Peña Nieto aplicó el mayor aumento a las gasolinas y el diésel en enero para que el público rumiara el coraje y asimilara el golpe en tres o cuatro meses, de suerte que en las elecciones del 4 de junio en Coahuila, Estado de México, Nayarit y Veracruz ya fuera cosa juzgada, es totalmente verosímil. La escasez previa al “gasolinazo” también pudo haber sido provocada por los estrategas de Los Pinos bajo el argumento de que “el producto más caro es aquel que no se consigue”. Una vez más, Peña y sus adláteres se equivocaron en redondo.

Si el Presidente apareció el 4 de enero de 2014 en cadena nacional para anunciar a bombo y platillo el fin a los gasolinazos, “gracias a la reforma hacendaria”, la cual ha servido a los políticos y no a los mexicanos, estaba obligado a dar la cara para aceptar que mintió o simplemente que su gobierno es incapaz de proyectar a corto plazo. Las vacaciones de Peña, en medio de la tormenta, no son el problema, incluso quizá pudieron ahorrarle al país nuevas decisiones equivocadas. Lo grave es la baja estima en que el clan de Atlacomulco tiene a los mexicanos y el menosprecio que siente por su capacidad de indignación. Los idiotas creen que todos son de su condición.

En su columna de ayer en Reforma (Ira), Roberto Zamarripa cita a Ryszard Kapuscinski en El Emperador (Anagrama): “¡Cuán asombrosa fue la causa que provocó la súbita conmoción que sacudió la calle! Bastó que el Ministro de Comercio subiera el precio de la gasolina. En respuesta, los taxistas inician inmediatamente una huelga. Al día siguiente, los profesores se suman a ella. Al mismo tiempo salen a la calle alumnos de bachillerato, que asaltan e incendian los autobuses urbanos”. (En México, el gasolinazo se debe a Luis Videgaray, el alter ego de Peña, graduado con honores en la escuela de Carlos Salinas y Pedro Aspe).

El monarca etíope Haile Selassie I, cuyo nombre verdadero era Tafari Makonnen, anuló el aumento, pero la indignación popular ya había prendido y era imposible sofocarla (¿pasará lo mismo en México?). El dictador fue derrocado el 12 de septiembre de 1974. Un año después murió asesinado. Kapuscinski describe en su libro las extravagancias, excesos, corrupción entre los altos funcionarios y festines del gobierno de Selassie, mientras el pueblo literalmente moría de hambre. El “Rey de Reyes” quiso congraciarse con los jóvenes. Trató de aplacarlos con viajes al extranjero, pero sólo consiguió abrirles los ojos. Ellos precipitaron su caída. El motor de la Primavera Árabe también fueron los jóvenes.

Si la idea de anunciar el megagasolinazo en vacaciones era que la sociedad lo pasara por alto, como ha sucedido con otras mentiras y agravios del Gobierno, el efecto fue el contrario: la gente salió a las calles e inundó las redes sociales de improperios contra Peña y su Gabinete económico. También reactivó la exigencia de legiones para que renuncie el Presidente. Saltillo y Torreón se unieron a las manifestaciones. El dato es relevante de cara a las elecciones de gobernador, por la participación de mujeres y jóvenes en las protestas. El propósito de asestar el golpe en enero para evitar en junio el voto de castigo, también quedó anulado. La sociedad ya no cree en embustes y hace mucho dejó de comulgar con ruedas de molino.
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