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Ricardo Alemán
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07 Noviembre 2017 04:00:00
¡Gobierno idiota!
Si nos atenemos a los resultados de esa próspera empresa familiar llamada Partido del Trabajo, tenemos que llegar a la conclusión de que “la persecución” de “la familia real” del PT es, por decirlo suave, una idiotez.

Y es que sólo a “un gobierno idiota” se le ocurre cuestionar y perseguir a uno de los emblemas del triunfo del socialismo radical en el mundo, al prometedor y exitoso Partido del Trabajo, que en sólo 25 años hizo posible uno de los cambios más luminosos de la humanidad.

Sólo a un “gobierno idiota” se le ocurre malpensar que esos ejemplos de la lucha sociales mexicanos del siglo 21, encabezados por el visionario Alberto Anaya, pueden ser tildados de pillos y defraudadores –y no se diga lavadores de dinero–, cuando sólo han puesto el nombre de México en lo más alto de las luchas sociales.

Y es que el mexicanísimo y salinista PT hizo realidad las teorías impensables e imposibles que suponen la igualdad social y el fin de la pobreza, a partir de la manipulación y el engaño de las masas.

Hoy, en México, el Partido del Trabajo hizo posible la igualdad social de sus dueños –motejados como “la familia real”, además de un puñado de leales a toda prueba–, quienes pasaron de las más horripilantes precariedades a la opulencia y la riqueza de un puñado de pobres, todos creyentes del PT.

Hoy Alberto Anaya, su claque y sus aliados políticos ya no son –y no lo serán más– parte de los millones de pobres desclasados y tampoco serán oscuros trabajadores de a pie.

No, hoy Beto Anaya y los suyos son el mismísimo ejemplo de que la igualdad social es una realidad; que México es el paraíso de esa igualdad y que a partir de una ideología radical y de un partido político que se vende al mejor postor –además, claro, de prender incienso a los peores sátrapas del mundo, como Nicolás Maduro y Kim Jong-un–, es posible salir de la pobreza y alcanzar la riqueza; forma sublime de igualdad social.

Hoy, gracias a esa igualdad que siempre pregonó el PT, políticos como Beto Anaya son igual de acaudalados que aquellos a los que combatió y que se propuso destruir; Anaya y su familia –sobre todo Lupita–, ya no visten overoles de trabajadores ni harapos propios de campesinos; hoy Beto y Lupita visten ropa de marca, viven en casas de lujo, tienen cuentas personales millonarias y sacaron de la pobreza a su clan. ¡Victoria de la igualdad!

Y es que el salinista Partido del Trabajo es ejemplo global de que la igualdad es posible; que la lucha social, si y sólo si, sirve para salir de la pobreza y que la tenacidad en un partido político clientelar y de férreas convicciones –como el PT– alcanza los postulados de los grandes pensadores del socialismo: la igualdad.

Alberto Anaya, el PT, su claque y sus socios hicieron posible ese cambio histórico; la igualdad de ese pequeño grupo social que hoy se codea con potentados y acaudalados del mundo.

Y sólo a resentidos sociales, a malpensados, envidiosos y mezquinos se les ocurre que Beto Anaya pudiera desviar dinero público y dedicarlo a la vulgar tarea de un partido político.

¡Nunca..! ¡Faltaba más…!

Lo cierto es que el talentoso y honesto jefe del PT siempre dedicó el dinero público a una causa superior; hacer posible la igualdad de su familia y de su clan. Siempre utilizó los miles de millones de pesos que le dio el pueblo –a través de sus impuestos y por la vía de las prerrogativas– para que la igualdad de los suyos fuera una realidad.

¡Pinches mal pensados! ¿A quien se le ocurre que “el otro” Anaya es un pillo que malemplea el dinero público?

¡Pinches mal pensados! No entienden que Alberto Anaya sacrificó familia, futuro, historia y hasta su humilde forma de vivir, para que el mundo entero se entere que es posible la igualdad social, esa que se consigue sin trabajar, sin pagar impuestos, sin las fastidiosas actividades burguesas del capitalismo, como el trabajo y la esclavitud.

Gobierno idiota, que no entiende el sacrificio de “Beto Anaya”, quien sacrificó nombre, imagen y futuro; quien es viajero frecuentemente a Venezuela y a Corea del Norte para salvar de la tiranía a los pobres de esos dictadores y para pregonar el éxito del PT; ejemplar logró de salir de la pobreza, de conseguir igualdad, gracias a una franquicia política como el PT.

Pero el esfuerzo titánico y ejemplar de Alberto Anaya parece que no lo quieren ver los insensibles, represores y fascistas del Gobierno federal.

No cabe duda, tenemos un Gobierno federal de idiotas, malpensados y fascista, que no entienden que si en cada familia mexicana se crean un partidos políticos como el PT, se acabará la pobreza y México será el reino de la felicidad. ¡Idiotas…!

Al tiempo.
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