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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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01 Diciembre 2018 04:07:00
Gobierno sin contrapesos
Es cierto: si Peña Nieto o cualquiera de sus predecesores inmediatos hubiera cancelado una obra de la magnitud del Nuevo Aeropuerto de Ciudad de México, reformado la Constitución para acumular más poder, impuesto delegados estatales por encima de los gobernadores y perdonado a los políticos corruptos, Andrés Manuel López Obrador se habría rasgado las vestiduras y convocado a sus huestes a la resistencia civil. Hoy, sin embargo, no existe un líder de oposición con la suficiente fuerza y autoridad moral para plantar cara al nuevo presidente.

El Pacto por México, que perfilaba a Peña Nieto como el estadista que el país necesitaba para salir del atraso secular y vencer inercias, devino en maldición para el gobierno y los partidos firmantes: PRI, PAN y PRD. La corrupción y la impericia sepultaron las reformas. La simbiosis anuló a los tres principales partidos y dejó al presidente sin red de protección. López Obrador entendió el mensaje, renunció al PRD y fundó el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), la plataforma desde la cual ganó la Presidencia en su tercer intento.
Las elecciones intermedias de 2015 anunciaron la tercera alternancia. En su debut como partido, Morena ganó la mayoría de las delegaciones y la asamblea legislativa de Ciudad de México, así como el mayor número de asientos en la Cámara de Diputados correspondientes a la capital de la República. Dos años después, estuvo a menos de tres puntos de ganar los gobiernos de Estado de México y Veracruz. El PRI y el PAN empezaban a hacer agua, y el PRD, sin AMLO en sus filas, estaba desahuciado.

Mientras Morena utilizaba los espacios oficiales en radio y televisión para fijar entre los ciudadanos la imagen y el mensaje antisistema de AMLO, la popularidad del presidente Peña caía en picada por los escándalos de corrupción, la violencia y la soberbia. Desde la dirigencia del PAN, Ricardo Anaya se abría camino a codazos y spots para hacerse con la candidatura presidencial. La obtuvo, pero el costo resultó demasiado alto. La alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano sepultó a los tres.

En el PRI las cosas fueron de mal en peor

Peña Nieto cometió los mismos errores de Calderón: dividió a su partido y no preparó un plan B por si su favorito era eliminado, por fallas graves en su encomienda o por cualquier otra circunstancia.

El delfín de Calderón era el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, quien falleció en un sospechoso accidente aéreo el 4 de noviembre de 2008.
Peña se decantó desde un principio por Luis Videgaray (Hacienda), pero invitar a México al candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, lo eliminó de la carrera.

Hundido en las encuestas y con Peña Nieto en la hoguera, el PRI buscó candidato fuera de sus filas para hacerle frente a López Obrador, cuyo principal blasón es el de la honestidad. Perseguidos por la sombra de la corrupción y otros por el descrédito gubernamental, los cercanos al Presidente quedaron descartados. El elegido fue el secretario de Hacienda José Antonio Meade –ligado a Videgaray y excolaborador de Vicente Fox y Felipe Calderón–. La experiencia y las credenciales académicas de Meade no bastaron para contener la ola de Morena y de su líder. El PRI sufrió la peor derrota en 89 años de historia.

La falta de partidos de oposición robustos y creíbles aumentará el poder de AMLO, lo cual constituye un riesgo para el país y para la democracia. Mientras el PAN y el PRI siguen a la deriva, Morena ya piensa en las elecciones intermedias. Si vuelve a ganar el Congreso, no habrá alternancia presidencial por mucho tiempo.
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