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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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21 Julio 2016 04:00:54
Gobiernos canallas
Uno es el terrorismo causa, mis valedores, y otro el terrorismo efecto. La causa reside en los gobiernos de países prepotentes que invaden, sangran y saquean los países débiles; el terrorismo efecto termina por desquitarse con seres indefensos de la sociedad civil. Niza.

De las incursiones violentas de la Francia agresora nuestro país mantiene heridas que no acaban de cicatrizar por más que la primera de ellas se perpetró hace 178 años y la segunda años más tarde, que terminó con el tiro de gracia en la testa de un emperador francés. El motivo aparente de la invasión del 38, la Guerra de los Pasteles:

Se acusaba al ministro Molé, que dirigía los destinos de Francia, de mostrarse débil y pusilánime con las potencias extranjeras. Por justificarse de tal cargo escogió a México para mostrar energía y poder. En aquel episodio de la historia patria nuestro país sufrió una de las más dolorosas humillaciones por parte de un Gobierno extranjero. El de Francia, precisamente, que ahora resiente el terrorismo contestatario. El infamante episodio pasó a la picaresca nacional con el nombre burlesco de la Guerra de los Pasteles. Aquí una somera reseña de lo ocurrido en 1838.

Las autoridades de México se ocupaban de los preparativos para instrumentar la campaña de Tejas. El Gobierno de Francia, atenido a la superioridad de sus fuerzas armadas, reclamó a nuestro país unas sumas exorbitantes por concepto de indemnizaciones a ciudadanos franceses que habían sufrido algún perjuicio en las guerras civiles. Esperpéntica la demanda de un tal Remontel, pastelero, que por daños a su establecimiento causado por soldados mexicanos exigía 60 mil pesos, suma equivalente a muchos millones de hoy día. El Gobierno del mediocre Bustamante no atendió aquel reclamo con la diligencia precisa para desactivarlo y se exhibió no como el estadista que precisaba el país, sino como un funcionario mediocre, semejante a todos los de su ralea. Y fue entonces.

El Gobierno francés envió 10 buques de guerra y lanzó un ultimátum al que el ministro de Relaciones contestó con la negativa a toda clase de arreglos mientras la escuadra francesa permaneciese en aguas mexicanas. Francia declaró rotas las relaciones con México y bloqueó los puertos del Golfo.

España se involucró en el conflicto. El contralmirante Carlos Baudín, ministro plenipotenciario de su país, arribó a México en la fragata Nereida y tuvo una entrevista con el ministro mexicano exigiendo una respuesta al ultimátum de Francia sin obtener una respuesta satisfactoria. Trece días más tarde la escuadra francesa rompió sus fuegos contra San Juan de Ulúa.

La guerra de Francia se había declarado. Como respuesta, el general Antonio Gaona, con mil 100 soldados y 47 cañones, resistió por más de 4 horas un ataque de la escuadra gala, que empleaba 108 piezas de artillería. Testimonio del comandante de Veracruz: Gaona capituló de manera cobarde. Es la historia que escriben los mediocres.

Conclusión de la en tantos sentidos esperpéntica Guerra de los Pasteles: con el tesoro público en bancarrota, un Gobierno que había jurado nunca reconocer deuda alguna al francés ni entregarle un centavo pegó el reculón y pagó no 60 sino 600 mil pesos que no debía. Y el colmo del esperpento: al paso del tiempo y con un Gobierno francés disminuido, cuando México intentó pagar 200 mil que restaban de la “deuda” ya no había quién los reclamara. Mis valedores: ¿por qué, si el Gobierno de Francia es el agresor, el contragolpe desgarra la carne de la sociedad civil? (Trágico).
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