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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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15 Marzo 2018 04:00:00
Golpe a golpe nos acaban
A usted y a mí la vida parece no sonreírnos. Cada día que pasa de este 2018 estamos más limitados. Nos amarran, nos quitan la libertad y no es necesario que nos metan a una cárcel, nos esposen o nos aten.

Cada centavo que aumenta la gasolina es un golpe a nuestra libertad económica y de movilidad personal, porque ahora debemos decidir entre seguir usando el automóvil con la misma intensidad para realizar nuestras actividades o el golpe dado nos derribó que mejor nos limitamos.

Y no basta estar restringidos económicamente porque ahora desde fuera de México las prácticas de una política exterior terrorista tienen a la nación sometida, cabizbaja, sin una respuesta contundente, sin una contraofensiva.

Todo se ha juntado. Los consumidores tenemos en nuestras manos una papa caliente. Los precios cada día suben de manera irremediable y nos agreden, nos limitan, nos golpean, como si el objetivo fuera acabar con lo poco que queda de fuerza en nosotros.

Mire: desde 2017 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico aseguró que México fue el segundo país de sus 35 integrantes con la mayor carestía en 20 de los 35 artículos de la canasta básica.

En esa dirección vivimos en carne propia cada mazazo asestado a nuestras finanzas que nos limita más y más. Veamos, la gasolina de bajo octanaje o Magna subió 4.34% entre enero y febrero, de acuerdo con el INEGI, y lo mismo ocurrió con la gasolina de alto octanaje o Premium: subió 3.25 por ciento.

Cada porcentaje de alza en la gasolina se aplica en diferentes insumos comprados por nosotros para vivir, pero hoy nuestra capacidad económica está limitada porque cada vez que accedemos a una tienda los precios variaron al alza y compramos menos. El huevo, el pollo y el limón, productos de primera línea en la alimentación, tuvieron alzas de 5.46, 2.02 y 14.61%, respectivamente, en la segunda quincena de febrero, según el INEGI.

El encarecimiento de la gasolina es sólo la punta del iceberg porque a ello debemos sumar el alza en la electricidad, el gas y los diferentes combustibles usados para producir en empresas y negocios.

Pensemos en una cadena productiva como la del pan, en la que se utiliza gas para los hornos, electricidad para la maquinaria, manteca, azúcar, harinas, calderas, estufas, mantequillas y otros insumos, los cuales aumentaron de precio. Esto es un ataque franco al comerciante, que se ve limitado para elevar el precio de su producto a sus clientes, quienes cada vez tienen menos recursos para comprar.

Golpe tras golpe, la microeconomía se va minando, imposibilitando a sus integrantes -que somos millones- el repercutir en la misma proporción el alza de los insumos.

Sabe usted que hoy al sentarse un par de personas en un restaurante para desayunar o comer, si no adquiere una promoción desembolsará casi 400 pesos, y si deja propina su gasto será de 430 o 450 pesos. Qué decisión tomamos: ya no ir. El panorama será un restaurante solo y pérdida de empleos.

Ir al cine le costará a usted y a mí entre 8 y 20% más respecto del año pasado, porque aunque las entradas no tuvieron un movimiento ascendente, los alimentos sí. Un baguette pasó de 64 a 69 pesos, un alza de 7.8%, y cada alimento expendido en una sala de cine tuvo un alza de hasta 20%, un golpe más a la economía.

Así, la posibilidad de acudir a comprar a una tienda distante, de ir a un restaurante, de acudir al cine, de abastecer mi casa con una decorosa despensa, es sólo un sueño guajiro. En México nada de lo que sube baja, estamos en una dictadura económica que nos restringe la libertad de vivir.
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