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28 Diciembre 2014 04:30:40
Gordo, gordo, gordo: el pavo
Por Perla Reyes Herrero

El pavo, también conocido como guajolote –Meleagris gallopavo Linnaeus–, es uno de los alimentos que América ha legado al mundo, junto con el cacao, la vainilla, el jitomate y el cacahuate. Su carne es muy apreciada desde la época prehispánica y muestra de ello es que se le tenía en los patios de las casas para engordarlo y después comérselo en ocasiones especiales.

La historia del guajolote como platillo de fiesta es longeva, como podemos ver, pero, además, cabe recalcar que, tan pronto como llegó a Europa (h. 1523), se volvió un manjar de reyes –aunque, con la instauración de criaderos, poco a poco se abarató su carne y se popularizó. Lo cierto es que en América, sobre todo en México, comenzó a ser un infaltable en toda clase de guateques. Muy pronto se le maridó con el mole y he ahí el pavo con mole en bodas, bautizos, primeras comuniones y quinceaños, entre otros festejos, como símbolo inequívoco de las ganas de agasajar a los convidados.

Ahora bien, aunque los guisos que usan pavo suelen tener este sentido festivo y hoy en día es uno de los invitados de honor en la cena de Nochebuena, debemos decir que no es un alimento consumido históricamente por los mexicanos durante la Navidad. La costumbre del pavo navideño en nuestras cenas es más bien reciente. Un típico menú en casa de mi bisabuela, por ejemplo, consistía en una sopa, romeritos y esa sospechosa ensalada de Navidad hecha con jícama, betabel, cacahuates y no sé cuántas cosas más. Sólo para los niños había unos pollitos y, claro, muchos dulces –tejocotes, cañas y colación. ¿Cuándo, entonces, comenzamos a incluir el pavo? Es difícil saberlo, pero no debe pasar de unas cuantas décadas; sin embargo, no cabe duda de que ésta es una costumbre heredada que se relaciona estrechamente con una tradición estadounidense: la cena de Acción de Gracias –Thanksgiving.

El pavo de Acción de Gracias

El origen del Día de Acción de Gracias se remonta a la época colonial de Estados Unidos, cuando los puritanos protestantes salieron exiliados de la Gran Bretaña hacia las colonias americanas por conflictos religiosos con la iglesia y la Corona Británica.

La historia cuenta que el 16 de septiembre de 1620 salieron 101 puritanos del puerto de Plymouth en el navío Mayflower, el cual llegó en diciembre del mismo año a una ensenada que, por casualidad, había sido bautizada con el mismo nombre del puerto inglés del que ellos habían partido: Plymouth, en el actual estado de Massachusetts. Y, ¿qué pasó?, ¿comieron pavo llegando? No, más bien la falta de bastimentos acabó, en menos de un año, con la mitad de la población de este primer grupo de exiliados –llamados posteriormente los Padres Peregrinos, Pilgrimsen inglés. Fue entonces cuando el gobernador, William Bradford (1590-1657), buscó la ayuda de los indios de la zona –wampanoag–, a fin de procurarse la primera cosecha de maíz para el año siguiente, y la lograron. Por ello, Bradford instituyó un día de «dar gracias al Señor» por los alimentos recibidos. Y, con este fin, se hizo una gran comilona en la que departieron, indios y puritanos,1 platillos cocinados a base de maíz, calabaza y pavos silvestres.

Durante mucho tiempo, la festividad tuvo una periodicidad irregular y sólo era celebrada de forma regional, hasta que, en 1789, tras la Independencia de las Trece Colonias, el Congreso instauró esta celebración como fiesta nacional el cuarto jueves de noviembre.2
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1 Poco duró esta armonía, pues los problemas por las formas de tenencia de la tierra –comunal contra privada–, entre otros factores, desataron una lucha cruenta entre los peregrinos y los indios wampanoag.
2 Nieves Fidalgo, «El pavo de Acción de Gracias», La aventura de la historia 85, Madrid: Arlanza, noviembre 2005. pp. 103-104.

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