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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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19 Diciembre 2010 05:00:06
Grata compañía
Tiempos de la Revolución. Llegó un militar uniformado a un congal, burdel, prostíbulo, zumbido, ramería, casa de lenocinio, putería, quilombo, mancebía, chongo, berreadero o lupanar, y preguntó a la mujer encargada del establecimiento: “¿Cuánto me va a cobrar usted, señora, por disfrutar mi compañía?”. No dejó de amoscarse la madama por la actitud fanfarronesca, facunda, farolona, faceta, fantesiosa, fafarachera, farfante, facultosa, faramallera, fastosa, farolera, fardona y fatua que mostraba el fachendoso mílite, pero igual respondió: “50 pesos”. Entregó el uniformado las monedas, y luego, asomándose a la puerta, gritó con imperiosa voz: “¡Compañía! Paso redoblado. ¡Ya!”... Las vecinas estaban conversando. Dice una: “El problema con los maridos es que las esposas jamás podemos saber con certidumbre dónde andan”.

“No generalicemos -replica otra-. Yo conozco una señora que sabe siempre dónde está su esposo”. Le preguntan: “¿Quién es ella?”. Responde la otra: “La viuda del 14”... Una chica de nombre Yaka Laditta iba a contraer matrimonio. Se angustiaba mucho, pues era madre de un niño de tres años, y su prometido no conocía ese pequeño detalle. Nada le había dicho Yaka acerca del delicado asunto, pues temía que la revelación de aquel secreto diera al traste con la esperanza que tenía de conseguirle un padre a su hijo. Además no encontraba la manera de enterar a su novio de ese antecedente maternal. Halló, por fin, el modo de darle la noticia. Al terminar la misa nupcial Yaka se persignó devotamente ante el altar, y dijo: “En el nombre del Padre y del Espíritu Santo, amén”. Con una sonrisa, el flamante marido preguntó: “Y al Hijo ¿dónde lo dejas?”. “Con una tía -respondió Yaka con naturalidad, como sin darle importancia a la cuestión-. Ya pasaremos por él al terminar la fiesta”... Don Languidio, señor de edad madura, leía el periódico en la sala. Le dice a su mujer: “Van a crear un seguro contra el desempleo”. “Asegura tu parte de varón -sugiere ella-. Siempre está desempleada”... Llegó a México un OVNI, y fue asaltado de inmediato por una turba vociferante. El jefe de la expedición marciana le dice a uno de los tripulantes: “Observa en la pantalla de traducción lo que dicen los terrícolas”. Va el marciano, y regresa con la traducción.

“Dicen: ‘¿Se lo lavo?’. ‘¿Se lo cuido?’. ‘¿Se lo encero?’”... Se casaron el Hombre Nuclear y la Mujer Biónica. La noche de bodas ella se metió en el baño y procedió a desatornillarse el brazo biónico, la mano biónica, el ojo biónico, una pierna biónica. En eso advirtió que el Hombre Nuclear la estaba viendo.

“¡Oh! -exclamó apenada-. ¿Qué quieres?”. Responde él: “Tú sabes bien lo que quiero. Desatorníllatelo y aviéntamelo”... El encargado del censo le preguntó su edad al jefe de la casa. Dijo él: “35 años”. Al funcionario le pareció que el individuo tenía más edad, así que le pidió su acta de nacimiento. Después de revisarla le dice: “Según este documento, señor, usted tiene 50 años de vida”.

“Amigo -replica el individuo-, los 15 años que he estado casado con mi mujer no pueden llamarse vida”... Don Cornulio les dijo a sus amigos: “¡Qué ciudad es Las Vegas! Te llevan allá en avión; te hospedan en el mejor hotel; te dan de comer y de beber fantásticamente. ¡Y todo eso de gratis!”. Acota uno: “Muchas veces he estado yo ahí, y nada de eso me lo han dado gratis. ¿Tú has ido a Las Vegas?”.

“Yo no -contesta don Cornulio-, pero mi esposa sí”... Babalucas sentía con frecuencia el repentino impulso de hacerle el amor a su mujer. Ese llamado de la naturaleza le llegaba sin aviso, a cualquier hora, incluso cuando los niños estaban aún despiertos, y Babalucas no sabía cómo dar a saber aquello a su señora, de modo de ir los dos a la recámara sin que los hijos se enteraran de lo que iban a hacer. Habló de la cuestión con un amigo, y éste le aconsejó: “Usa el lenguaje de la efe. Cuando a mí se me presentan esas ganas le digo a mi mujer: ‘Ponles la tele a los niños, y nosotros vafa mofos afa lafa cafa mafa’. Los chicos no entienden que le estoy diciendo: ‘Vamos a la cama’, y se quedan muy contentos viendo la televisión”. La siguiente vez que a Babalucas lo acometió la urgencia de erotismo, le dijo a su mujer delante de los pequeños: “Pofon lefes lafa tefe lefe a los niños, y nosotros vamos a la cama a follar”... FIN.
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