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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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22 Febrero 2015 04:59:59
Grupo México (I)
En nueve años, desde la tragedia en Pasta de Conchos, el desarrollo del concesionario Grupo México no varió: sus utilidades millonarias están en ascenso aun con la recurrente crisis económica mundial, y los proyectos para imponer complejos industriales en México y otros países de América Latina todavía ocasionan muerte, daño ambiental y contraponen a los integrantes de las comunidades afectadas.

En 2014 el corporativo reportó ventas por 9 mil 324 millones de dólares y aclaró que estuvieron en “el mismo nivel de 2013” no obstante a la caída en los precios internacionales de los metales, especialmente del cobre.

También presumió que para sus empresas, 2014 “fue un año de récords”, pues “la División Minera alcanzó un récord de producción de 847 mil 387 toneladas de cobre contenido al año; la División Transporte logró un récord en ventas de mil 995 millones de dólares por mayores tráficos en los sectores de energía, automotriz e industriales y la División Infraestructura alcanzó un récord en ventas de 562 millones de dólares, principalmente por la puesta en operación de la
Planta 1 de energía”.

Ese año, el corporativo que tiene como rostro visible a Germán Larrea Mota-Velasco ganó mil 703 millones de dólares, es decir, casi 25 mil 600 millones de pesos, cantidad equivalente a 12 veces el presupuesto anual del Ayuntamiento de Saltillo.

Grupo México reportó a sus accionistas y a la Bolsa Mexicana de Valores que su utilidad en 2014 bajó 142 millones de dólares respecto a la de 2013, “debido principalmente por los fondos destinados al fideicomiso del Río Sonora (91 millones de dólares) y el nuevo impuesto especial a la minería en México (87 millones de dólares)”.

El reporte del corporativo suena a queja, pero no se trata de pérdidas, sino de la reducción de sus ganancias por otra mala jugada para evadir sus responsabilidades en el cuidado del medio ambiente.

El Gobierno federal quitó a Grupo México la concesión para sacar carbón de Pasta de Conchos, cantera que la madrugada del 19 de febrero de 2006 explotó debido a la acumulación de gas metano, y se derrumbó al no tener condiciones mínimas de prevención de accidentes y de seguridad (las paredes y el techo de los túneles estaban sostenidos con trozos de madera, en lugar de arcos metálicos, como ocurre en las minas modernas).

El castigo no fue para menos, pues la negligencia de Industrial Minera México Sociedad Anónima (IMMSA), empresa filial del corporativo, costó la vida a 65 trabajadores y causó quemaduras y lesiones graves a 13 sobrevivientes, en un hecho que los activistas del movimiento minero, sindicalistas y familiares de las víctimas califican como homicidio industrial.

Nueve años después siguen atrapados bajo la tierra los restos de 63 de los 65 trabajadores que murieron (el 23 de junio de 2006 fue rescatado el cuerpo de Felipe de Jesús Torres Reyna, y el primero de enero de 2007 se recuperaron los restos de José Manuel Peña Saucedo) y lejos de atender la demanda social para que se reanuden los trabajos de búsqueda y rescate, la empresa está en lo suyo: hacer dinero a costa de lo que sea, sin detenerse en la importancia de la
vida humana y el deterioro ambiental.
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