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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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17 Noviembre 2017 04:00:00
¡Guau!
Los perros de casa pobre, los pobres. Tan mala vida es la suya que comen lo que sus dueños y viven como ellos. Parte son de la familia, y tanta familiaridad comparten que el chucho llega a cobrar rasgos de humano, y su dueño, del animal. Y no fallezca uno de ellos: el sobreviviente, aquel duelo...

Los perros callejeros: sin dueño ni hogar, ni nombre, anónimos perros de cuerpo sarnoso y cuera que es mapa vivo de úlceras y mataduras. De calle a calle y de este a aquel callejón, tales chuchos acezan su ternura a la vil intemperie, su amor desdeñado por los que a lo desalado se alejan rumbo a rumbo ninguno, en los ojos la pitaña y en la boca el corazón. Y ese impulso de llorar, y ese acabar gruñendo. Como yo.

Un perraco abomino, que me ladra al pasar. Pero no pensar mal. No pensar bien. El perro que a mí me ladra es un pulgoso insignificante de aquí a la vuelta. Echado en la banqueta, grifo de moscas, cuando le paso por enfrente se tiende en el suelo, saca la lengua e intenta lamerme el zancajo. Ah, pero no se vea protegido detrás de las rejas del portón de entrada, porque entonces es un tigre: se me echa encima embistiendo, encuerado el hocico y las garras por delante, arañando los barrotes, perro vil, yo entre mí le digo:

Muy poco hombre te muestras (muy poco perro) cuando así enseñas una ferocidad protegida entre rejas. Qué justamente simbolizado en ti, perro capón, vi en el 2001 al entonces presidente de El Salvador, un Francisco Flores que cuando en la Décima Cumbre Iberoamericana siendo chucho se tornó gallo bravo, y arropado por docenas de presidentes tan reaccionarios como él retó a Fidel, nada menos que a Fidel. Si hasta parecía que el chaparrín ovachón se lo comería a tarascadas. Ah, chuchos validos de la ocasión...

¿Que en qué consistió la bravata? Ese Francisco Flores que Trump había elegido para que con la protección de alguna organización de estados americanos o cualquier otra madre de esas, y estratégicamente protegido detrás de sus rejas, a la voz del amo le gruñese a Fidel, se atrevió a pelarle unos colmillos minusculitos (de capón), ladrándole (de lejecitos) que “¡Castro es un vil dictador, un tirano y violador de derechos humanos y opresor de su pueblo!” (Ahí, impasible, Fidel). Y yo digo:

Hoy, todavía hoy, Fidel está donde debe estar (quién dice que ya murió), y donde debe está aquel Pancho Flores que se atrevió a denostarlo y que, vocación de político mexicano, malabareó una cuenta de hasta 100 millones de dólares que donó Taiwán cuando los terremotos del 2001, algo muy semejante a lo que ocurre aquí como resultado de los sismos de hace un par de meses apenas.

El acusado de ladrón ya está en la cárcel. ¿Y las comaladas de ladrones que cada sexenio arroja nuestro país? ¿Esos cuándo? ¿Preguntarlo es bullying, señor? Vidas paralelas Francisco Flores y Felipe Calderón: muy al estilo del salvadoreño frente a Fidel, detrás de unas redes sociales de las que se ha apoderado (vil imitación de Trump), el matancero ebrio (de gloria y poder ahora por la vía de Margarita) vomita críticas estridentes contra Nicolás Maduro, presidente constitucional de Venezuela, acusándolo de verdugo de la democracia en su país, situación nefasta, asegura, que puede afectar de forma negativa a todos los países del área. ¡Guau, guau!
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