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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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29 Diciembre 2016 04:00:00
¿Ha sufrido usted violencia en el empleo?
“¿Cuánto es suficiente?” Si esta pregunta se repite con frecuencia en el lugar donde uno trabaja quiere decir que hace rato comenzó a ser demasiado. Significa que es momento de ponerle un alto a las burlas, las bromas pesadas, la exclusión, la humillación y todo el resto de síntomas relativos a un ambiente laboral echado a perder.

En México no hay estudios serios sobre la violencia y el acoso en el lugar de trabajo. Hace un par de años OCC Mundial, una agencia de colocación, hizo una encuesta en línea sobre el tema y resultó que alrededor de 45% de las personas entrevistadas habían sido víctimas de violencia en el empleo. Sin embargo haría falta una medición más rigurosa para capturar la amplitud y gravedad de este fenómeno en nuestro país.

Por lo pronto, sobresalen las historias que uno escucha todos los días al respecto. No son escasas ni menores. Las quejas de amigos, parientes y conocidos no se centran en el salario, a pesar de que la retribución promedio en el país está muy por debajo de la riqueza producida por nuestra economía.

El lamento más potente es por la ausencia de respeto y trato digno que reciben las personas. Sufren acoso las mujeres y también los hombres. Pasa con los jóvenes que están tratando de abrirse camino, pero también con muchos adultos que se acercan a la edad de jubilación. Son más vocales quienes se encuentran en los pisos inferiores de las empresas y la burocracia, pero arriba la discriminación y el menosprecio no son tenues.

Este año la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó un estupendo documento para definir el fenómeno y sus principales síntomas: violencia contra hombres y mujeres en el mundo del trabajo. El texto ayuda a precisar los contextos y circunstancias de esta expresión de la violencia humana.

Lo primero que vale aclarar es que la violencia en los espacios de trabajo no siempre tiene elementos sexuales explícitos, mientras que el abuso del poder todas las veces está presente.

Cabe precisar que la violencia puede ser física pero también emocional y que en el extremo de ambos casos el resultado siempre es destructor.

¿Qué encarnaciones de la violencia laboral son las más comunes? Destacan el intento por manipular la reputación del otro, el aislamiento de la persona acosada, la agresión sistemática a su estima, la asignación de responsabilidades imposibles de cumplir y, sobre todo, la acción reiterada que normaliza la denigración hasta el punto en que la víctima pierde conciencia sobre la realidad que está obligada a vivir.

Sin duda la violencia sexual se inscribe como una de las expresiones más detestables del acoso en el mundo del trabajo. Ocurre cuando una persona dentro de la estructura laboral manifiesta intención de obtener, sin el consentimiento de la víctima, un acto sexual por medios coercitivos, por presión, por la fuerza o por abuso de poder. Es difícil encontrar violencia sexual que no vaya acompañada de violencia emocional.

Entre los intercambios propuestos para obtener favores sexuales suelen estar el salario, la promoción y la estabilidad en el empleo. Si la persona no concede entonces se le castiga con un ambiente hostil de trabajo, cargado de ofensas, denigración y exclusión.

Los contextos más comunes donde se sufre este tipo de violencia son aquellos donde existe una relación de subordinación en la que el abuso del poder no encuentra límite y la víctima se halla en estado permanente de indefensión.

Entre los puestos de trabajo que enfrentan mayor riesgo están aquellos donde las relaciones laborales son ambiguas: empleos temporales, informales, sin protección sindical, donde el salario depende de una propina y donde predomina el servicio al público (salud, hotelería, restaurantes, educación). Cabe destacar que en tales empleos prevalece la presencia femenina.

La OIT subraya que las relaciones laborales dependientes de una pobre estructura organizacional –flexible a favor del empleador y rígida en contra del empleado– son las más propicias para la violencia en el trabajo.

ZOOM

En México 6 de cada 10 trabajadores están arrojados a estructuras organizacionales propicias para la violencia y el acoso laboral. Los testimonios son tan numerosos que tanto la sociedad como las autoridades deberían estudiar y enfrentar el fenómeno con determinación.
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