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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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04 Agosto 2017 04:00:00
Hablemos de sexo
Hablamos poco de sexo con nuestra pareja. Apenas las cosas básicas, lo más simple y en el fondo queda aquella gran fantasía, la posición exacta, el anhelo frustrado o los límites transgredidos y el orgasmo incompleto. Nos vamos a la cama creyendo que somos el mejor amante, aunque tratemos de esconder nuestras deficiencias y no nos atrevamos a hablar de ellas por no sentirnos vulnerables, desnudos como un niño que necesita ayuda para arroparse.

Desde pequeños aprendemos a vestirnos de prejuicios, a imitar para sentirnos parte de algo. Los hombres nos defendernos a través del silencio.

Como tampoco hablamos de nuestros miedos, frustraciones o complejos, hace unos días hice un ejercicio de crítica en mi Facebook, convocando a mis amigas a opinar sobre las 10 (o más) cosas que odian las mujeres de los hombres y la participación fue abrumadora, con frases tan sencillas, como: “que no se bañen”, o “que eructen ruidosamente” y “se rasquen en público sus genitales”.

También tuve comentarios simpáticos, como opinó Carina Sainz: “que se saquen los mocos”. Ninguna respuesta exótica o fuera de lo común.

Muchas de esas opiniones fueron sólo falta de urbanidad masculina, sensatez o sensibilidad ante ellas, como opinó Catalina Rojas: “que sean celosos, que se crean amos y señores de nuestra vida, tiempo y amistades”.

O como escribió Liliana Zertuche: “que te digan a una hora y lleguen a otra”. Pequeños grandes detalles.

Hablar debería de ser la manera más simple para comunicarnos, pero, mientras que a los hombres nos educan para callar y aguantar, a las niñas se les inculca la obediencia y el pudor ¿Quién se atreve a decir primero lo que le pasa, a expresar sus verdaderos deseos?

La siguiente semana hice el mismo ejercicio en Facebook, convocando a los hombres a escribir las 10 (o más) cosas que odiaban de las mujeres y, aunque hubo una mayor participación que la anterior, casi llegando a los 100 comentarios, curiosamente fueron las mujeres las que más opinaron sobre su género.

Edith Oropeza dijo: “que se quieran casar con el primero”, y Montserrat Moreno nos recordó el clásico “espérame 5 minutos, ya voy, y se tarden 2 horas más”. O simplezas tan profundas como las que Juan Luis Oberhauser puso de ejemplo: “¿qué quieres comer?”, y que te responda, “lo que sea”. “¿Sushi?” “No, sushi, no”. “¿Tacos?” “No”. “¿Pizza?”. “No, tampoco”. ¿Entonces”, “¡Ash! ya te dije, lo que sea”. O el uso indiscriminado de ciertas palabras trascendentales como opinó Iván Bronstein: “que usen con gran facilidad las frases que empiezan con, ‘es que tú nunca...’ o ‘es que tú siempre...’. O que cualquier discusión, por no imponerse y hacer valer su derecho de pareja la terminen con lo que Bere Amor escribió en mi muro: “que digamos ‘estoy bien’ cuando está todo realmente mal”.

Al final, quien se atreve a hablar primero no es el más valiente sino quien tiene más necesidad de ser escuchado.

El ejercicio complementario sería ese, precisamente, saber escuchar y dialogar. Hablemos de sexo con nuestra pareja, aunque sintamos que el peso de la infancia, la educación, la religión o la orfandad de ideas nos dominen.
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