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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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21 Junio 2018 03:46:00
Hacen dinero con ‘elefante blanco’
Las diferentes herramientas que existen en el Internet, se hacen cada vez más fuertes y útiles. Lo más seguro que para generaciones recientes aquella función de búsqueda que era el Google Earth, fue un sistema informativo virtual para imágenes cartografías por vía satelital.

Pero no fue hasta con la llegada de Google Maps en el año 2005 bajo otro concepto que con el pasar de los años fue evolucionado, pero durante todos esos tiempos resultaba algo entretenido, pero sin ninguna utilidad para la mayoría de los cibernautas.

Nadie se imaginó que al día de hoy es una herramienta tan útil que todos los celulares también conocidos como telefonía inteligente tiene la aplicación de Google Maps como una herramienta hasta de trabajo, sino para todos los usuarios viajeros y hasta para los mismos locatarios para encontrar direcciones.

Pero es esta misma herramienta que nos permite observar que en los 38 municipios de Coahuila, existen hectáreas consideradas como terrenos ociosos, es decir aquellas hectáreas que están dentro de las ciudades ocupando espacio, sin fruto, ni aprovecho sustancial.

No es un problema exclusivo de la urbe sino también del campo donde las tierras agrícolas dejan de trabajarse por diferentes razones; justificándose en la actualidad la problemática del país con los precios de los alimentos básicos y primarios enfrentando una crisis profunda con la desviación de programas de apoyos como PROCAMPO, que nunca han dado sus frutos, pero tampoco sus dueños son incentivados con el bajo costo de impuestos prediales que pagan por considerarse propiedades fuera de la ciudad.

Ese mismo panorama lo sufren las ciudades, pero imagínense sobrevolar la ciudad de Coahuila o simplemente ver en Google Maps, queda en evidencia kilómetros cuadrados de terrenos baldíos dejados ahí como si fuera un stock de tierras en espera de un mejor destino para ello.

Estas manchas de paisajes en nuestras ciudades, supera las necesidades tanto de espacio y viviendas. No existe duda alguna que cualquier coahuilense no se haga la misma pregunta: ¿Por qué los desarrolladores no se apresuran a construir en estos sitios vacíos?

Tiene su lógica el cuestionamiento ya que la demanda de los alquileres de oficinas, casas y departamentos tienen un gran aumento, y aún en tiempos de crisis sus costos siempre serán elevados.

La principal razón para este tipo de espacios territoriales y abandono dentro de la ciudad se le conoce como avaricia. El ochenta por ciento de esas propiedades “abandonadas” corresponde a dueños que no rebasa una lista de diez personas o familias que durante años se han aprovechado de los beneficios e infraestructura que el municipio ha invertido para hacer crecer la ciudad dentro de sus proyectos de planeación y urbanización del municipio.

Al ver esto los dueños se aferran a ella como una inversión para el futuro, esperando que su precio suba aún más antes de vender o rentar el predio a empresas comerciales, fraccionadoras, o en su defecto en espera a que un programa de casas de Infonavit se desarrolle ahí.

Los terrenos ociosos o baldíos entre más cercas del corazón de una ciudad suben su valor, aun cuando se encuentre en su alrededor casas, edificios ya sean abandonados o en ruinas. Nunca perderá valor ese terreno que muchas de las veces es preferible destruir lo que queda de edificación para venderlo como lote baldío mejorando considerablemente el precio.

Los muy tramposos dueños de estos terrenos ociosos lo único que provocan es el aumento del costo de los servicios públicos, entre ellos, urbanización, limpieza pública en todos los sentidos, porque hay que quitar los matorrales o limpiar aquellos que son convertidos en basureros clandestinos; también se invierte en seguridad, alumbrado, agua potable entubada y drenaje.

Continua el negocio del “elefante blanco”, en donde los dueños de esos terrenos se enriquecen a costas de la infraestructura del gobierno local, estatal y federal, sin pagar un solo peso como es el pago local de catastro, entre otros más. Pero resulta más la pereza de las autoridades por querer hacer algo o hacen pensar que se trata de intereses, influyentísimo y porque no hasta negocios de exgobernadores o cualquier funcionario público. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) http://www.intersip.org
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