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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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02 Julio 2017 04:00:00
Haciendo monstruos
Es realmente motivo de gran preocupación lo que ocurre con los jóvenes en nuestro mundo. Las estadísticas muestran un aumento en grandes proporciones en la ingesta de bebidas alcohólicas en edades cada vez más tempranas.

Por ser la adolescencia la transición de la niñez a la edad adulta, es una etapa de profundos cambios marcada por la inestabilidad y, en la mayoría de las ocasiones, el desconcierto y la confusión de los propios jóvenes a esos cambios.

¿Por qué los adolescentes empiezan a beber?
Los jóvenes desarrollan una personalidad propia que provoca la necesidad de independencia frente al núcleo familiar y, a la vez, la urgencia de integrarse a grupos sociales. Experimentan una profunda necesidad de pertenecer a un grupo, y éste los puede llevar a comportamientos de riesgo: al consumo de alcohol y drogas. Los hábitos de la familia y amigos son cruciales: Previenen o fomentan el comportamiento nocivo que llega a perjudicar, además del organismo, la salud mental y la capacidad de razonamiento. El consumo de alcohol y drogas en adolescentes afecta sobremanera la conducta, lo que provoca el desarrollo de un comportamiento agresivo difícil de controlar.

Los datos anteriores no los conocían en aquel entonces los integrantes de la tribu Lakota de Norteamérica. Los cazadores europeos intercambiaban con la tribu pieles de visón por alcohol y otras baratijas. Los Lakota conocieron el ‘elixir milagroso’ que producía una efervescencia superior a la experimentada en la ‘Hanbleceya’, ritual religioso tradicional que producía alucinaciones después de muchas horas de danza ininterrumpida bajo el sol. El alcohol, o ‘agua mágica’, parecía ofrecer una mayor euforia; una forma más eficaz de alterar la conciencia, y sin dolor.

La tribu adoptó la conducta escandalosa e irracional de los cazadores europeos. El alcohol fue pervirtiendo a los indígenas: Hombres, mujeres y niños. Mientras que la ‘Hanbleceya’ había resuelto para ellos durante siglos la contradicción de la existencia humana, el alcohol aumentaba la confusión de la vida al romper la delicada red de deberes y costumbres ancestrales.

Cayeron por tierra las cuatro virtudes cardinales de los Lakota: generosidad, valentía, fortaleza e integridad moral. Fueron substituidas por el juego, el robo y la prostitución. Eran comunes los suicidios, asesinatos, violaciones. Se hizo frecuente la desintegración familiar, la miseria, y la dependencia. El alcohol diezmaba a los indígenas en la misma proporción que la viruela: 19 morían de cada 20.

Años después, totalmente derrotados por el ‘agua mágica’ -líquido aparentemente delicado que se evaporaba al sol- fueron recluidos en las llamadas Reservaciones, que para su estilo de vida seminómada fue devastador. El ocio y las enormes cantidades disponibles de licor sofocaron la vida cultural y espiritual de los Lakota. Perdieron el sentido de dignidad y el espíritu de lucha.

Los hombres engendraban a sus hijos en estado de ebriedad. La leche de los bebés era mezclada con alcohol “para que se durmieran”. Las niñas jugaban a que “se emborrachaban los papás” reproduciendo escenas de violencia con las muñecas. Las mujeres se pasaban mejor las molestias del embarazo bebiendo. Habían olvidado el tradicional sagrado deber de la maternidad: cuidar con esmero la semilla de vida fecundada en el centro mismo del ser, milagro supremo de la creación. Olvidaron también el Ritual de la Fecundidad: “Yo recibo tus semillas en mí y velaré porque nada les falte para germinar. Cuidaré mi mente, mi cuerpo y mi espíritu, las envolveré con amor y esperanza. Tus semillas de amor seguirán germinando, generación tras generación. Yo las recibo. Sí.”

El polvo ha cubierto esas páginas trágicas de la historia, pero las terribles consecuencias perduran en los infortunados descendientes de los Lakota. Las estadísticas revelan que la tragedia del alcoholismo continúa: millones de hijos de alcohólicos nacen marcados por el FAS (Síndrome del Alcoholismo Fetal). Heredado de generación a generación.

Pudiera justificar a los Lakota el hecho de que ignoraban la relación entre alcohol y la deformación fetal, pero en la Era de la Informática ¿qué excusa tiene una madre al tomar una o dos copas cuando conoce de antemano que cada gota de alcohol es almacenada en su cuerpo en la placenta y causa daños irreversibles a las células de su bebé en gestación?

Alcohol, drogas, tabaco: substancias teratógenas (del griego ‘terrado’ y ‘genes’). Hacer monstruos.

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