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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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03 Diciembre 2017 04:00:00
‘Háganme suyo’
Así clamaba el recién nacido pataleando de lomos sobre el zacatal de la explanada boscosa Anochece. Las fieras de garra, pico y colmillo, se disponían a dar cuenta de esa botana cuando los detiene el búho:

–¿Alto, no se atrevan con ese tóxico! ¿Sabían que el crío va para político, y político mexicano, y del PRI, nada menos?

¡Del PRI! Escupiendo, el tigre dio el reculón e intentaron huir el coyote y la serpiente, el zorrillo y el gato montés. “Deténganse todos; al advenedizo tenemos que transformarlo en un verdadero priista”, el búho.

–Y cómo hacer de este redrojillo un verdadero militante del PRI”, interrogan las fieras de garra, pico y colmillo. A balidos el chivo mayor:

“Y qué es eso de que háganme suyo, como decía una chiva birrionda que yo conocí. Para mí que va más bien para gay”.

Allá, en lo alto, fría y luminosa, tersa y distante –como tú, mujer–, la luna. El búho:

–Propongo que al modo de la fabulilla donde las hadas conceden sus dones a la recién nacida, para que éste se torne en un verdadero priista, cada uno de nosotros le otorgue el don.

Se lo dieron. Ahí se le enroscó la de cascabel:

–Para que sea verdadero priista tenga el don de arrastrarse y morder calcañares.

Suyo fue el don. “Goce chapoteando en el lodo”, el sapo. “Para granjear sus favores bailar al son que le toque el mandón”. Del macaco recibió el don. Habló el topo: “Burriciego será, torpón, errático. Sus pupilas sean alérgicas a la luz”. Intervino el murciélago: “Vivirá colgado de cabeza. El mundo, para él, se apreciará al revés. La catástrofe en todas sus formas, indicada en las gráficas, éxitos serán para él”. Del crío el don. La gallina: “Que sepa cacarear el huevo, porque lo bueno también cuenta y debe seguir contando. A cada rato andará culeco y su vuelo será de gallina. Rostizado termine su sexenio. La liebre. “Suyos sean mi valor y decisión”.

Electrizado el ambiente. Un retumbo a lo lejos.

–Que ventosee diarrea de discursos tan sustanciosos como los míos (la cotorra). “Vituperios y mofas le van a llover (el armadillo). Va a ser motejado de capón y servil a la Casa Blanca (la de Washington, o sea la ilegal, ¿no es verdad, Virgilio Andrade?) Sea mi concha su protección”. Fue del crío el don. Un repentino relámpago trizó las sombras. Desnudito y remolineándose en el zacatal, el crío sonreía, sonreía.

Palmoteando, la foca: “Disciplina partidista. Sepa disimular el sofoco porque el priismo fue indigno de aprontar un candidato y con una sonrisa vitorear al que designen Los Pinos. Sepa aplaudir y sonría mientras mastica sapos crudos. (A berridos: “¡Háganme suyo!”)

–Sepa cambiar sabiamente de chaqueta– el camaleón.

El gato: “¡Un momento! Segunda naturaleza del buen priista es el don del minino: ir a la cocina, meter mano en la mantequita, llenar la tripa y hacer un hoyo, descargar la panza, echarle tierra al asunto y luego ponerse a limpiar la cara a lambidas con su saliva y la de jueces alcahuetes.

Aplausos. “¿Y cómo supiste (el zorro) que este pobrín podrá ser priista?”.

–Porque es un expósito. Madre no se le ha conocido.

–¿Y él por qué insiste con su cantinela de que háganme suyo?

–Miren la orfandad de su entrepiernita. Sabrá obedecer como hoy mismo, apretados dientes y nalgas, obedecen desde Manlio Fabio hasta el Jerásimo, al recibir hasta la próstata el puyazo del dedo, mientras aplauden a Peña su buen tino para ganar elecciones.

(Uf.)
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