×
Ricardo Torres
Ricardo Torres
ver +

" Comentar Imprimir
24 Marzo 2017 04:00:00
Hambre y sed de justicia… a 23 años
El día de ayer se cumplieron 23 años del asesinato del priista en Lomas Taurinas, Baja California, Luis Donaldo Colosio Murrieta. El país entero se conmocionó ante la noticia de que el candidato a la Presidencia por el PRI para la elección de 1994 había sido asesinado en un hecho sin precedentes. Posterior a esa fecha se ha magnificado al personaje y su muerte, se han escrito libros, realizado sendos documentales y películas sobre su atentado.

El homicidio de Colosio y el personaje en sí han dado causa para un sinnúmero de dudas, las primeras: saber si era auténtico su discurso y el personaje que decía y prometía ser; las restantes todas ellas, relacionadas a los motivos de su asesinato, dudas hasta hoy vigentes.

A 23 años de los hechos, nadie puede afirmar con seguridad cuáles fueron las causas por las que el candidato presidencial fue asesinado aquel 23 de marzo de 1994, esto a pesar de que las teorías vertidas por la Procuraduría y el Gobierno federal para dar una explicación a los hechos, mismas que nadie tomó por ciertas.

Es evidente que desde aquel tiempo las instituciones empezaron a ser utilizadas por los gobiernos en turno como principal herramienta para viciar el sistema, la corrupción ha sido la conducta que más ha lastimado a todas las instituciones mexicanas, al punto de que hoy las mismas son parte de un complejo sistema de gobierno, cuyo objetivo principal es torcer la ley. El homicidio de Luis Donaldo Colosio sigue rugiendo en la comunidad internacional que ve en México un país hundido en la corrupción, la impunidad y en la ausencia total del respeto a los derechos humanos.

El asesino Mario Aburto jamás cambió su declaración, en la que afirma que a Colosio el Gobierno lo mató, lo que concuerda con la primera hipótesis que derivó del informe forense de la cardióloga Patricia Obanel, quien el día de los hechos participó en la autopsia realizada al asesinado y que, al salir del Hospital Regional de Tijuana, desconcertada, declaró que no sólo había sido una herida, sino que tenía más, con lo que dejaba ver que no fue uno el atacante, sino varios.

Su propio exsecretario particular Alfonso Durazo Montaño, en aniversarios pasados, aseguró que el asesinato del político habría sido orquestado desde el Gobierno en represalia a su discurso. “Me venía seguido a la memoria su dicho: ‘Veo un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades, o por la arrogancia en las oficinas de gobierno’”. Recordó.

Según mis cálculos, el próximo año, el asesino Mario Aburto Martínez, echando mano de los beneficios que la misma ley le otorga, podrá adelantar la compurgación de su pena y recobrará su libertad, por lo que una vez pagada la condena quedará saldada su deuda, dejando en el limbo su culpabilidad o inocencia, como consecuencia de la colusión y la falta de interés de las instituciones.

Estoy seguro que Aburto, cuando se reincorpore a nuestra sociedad, se dará cuenta de que su acción marcó el inicio de la descomposición del sistema de Gobierno mexicano, imparable hasta hoy, la cual sigue carcomiendo todos los sectores de nuestro país y que los ciudadanos, ahora más que entonces, tenemos hambre y sed de justicia.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add