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Dalia Reyes
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05 Junio 2019 03:45:00
Hasta las manitas
No tengo suficientes neuronas, o bien, si hay bastantes, poco material intelectivo contienen, pues no me es asequible el entendimiento para aprehender la razón por la cual las personas comen manitas de puerco.

Nada tengo en contra de los cerdos –ni de sus patas–, es más, me resultan por demás simpáticos cuando están vivos y relativamente apetecibles cuando fueron a gruñir a otro reino. No es el animal en sí, sino el afán inexplicable de los seres humanos por llevarse a la boca todo lo que encuentren a su paso.

Las historias sobre difuntos cuya última comida fue un complicadísimo pez globo son numerosas. Ningún nombre de esos glotones aparece en el santoral. Ahora bien, algunos se empeñan en poner en el caldero crustáceos cuyas patas aún están en movimiento y cuyos ojos los miran con determinación, en primer lugar porque no tienen párpados; en segundo, pidiendo piedad. Yo podría pensar que cualquier día aparecerá en el periódico la fatídica noticia sobre un cocinero tragado por su receta.

Como sea, tengo un especial problema con las manos de puerco. (No, señor, no refiero a las mías, al fin me he acostumbrado a ellas). No entiendo por qué, en tratándose de una cosa tan dañina, altamente pegajosa, difícil de cocinar y con muchísimas posibilidades de dejarlo tuerto a uno, siguen apareciendo en el menú familiar.

Lean bien lo siguiente: cada 100 gramos de las manos porcinas contienen 291 kilocalorías, 25 gramos de grasa y 6.2 miligramos de colesterol. ¿Esto no los hace desistir? Tampoco desistiría yo si me apetecieran, pues muy poco sé de los valores numéricos que requiere mi panza, pero básteme con saber que al dorarlas disparan fuegos cruzados a distancias infinitas y, por si esto fuera poco, dejan los platos con cierta cantidad de coloide rejego ante cualquier lavatrastes.

No tiene sentido arriesgar el mercado de la gelatina, dejar mancos a los cerditos ni estropear nuestra reputación chupándonos los dedos durante la comida. ¿Qué les parecen unos chicharrones? Ahora bien, si es usted vegetariano, también los hay de harina, en tanto que las manitas nada más de manos hay.
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