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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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01 Julio 2018 04:05:00
Heridas emocionales desde la infancia
QUERIDOS AMIGOS: con el gusto de cada domingo los saludo, agradecida por la lluvia tan necesaria para nuestro amado mundo, sin embargo, habrá que tomar precauciones en las áreas de riesgo como cerca de los arroyos y de las avenidas por las que baja mucho la corriente de agua. Cuidar a los niños y adultos mayores que no salgan solos en estos días de lluvia, para evitar tragedias.

El tema de hoy es muy interesante, ya que todos en la vida hemos tenido heridas emocionales desde la infancia, que sin ser a veces conscientes de ello, vamos arrastrando desde nuestros primeros años que nos definen en nuestra forma de ser, sentir y reaccionar, de cómo interactuamos con nuestros semejantes, de cómo nos sentimos ante las diferentes circunstancias de la vida.

El tener el autoconocimiento de sí mismo es vital para no reaccionar de formas inadecuadas en las distintas situaciones del día a día. Y aprender el autocontrol de nuestras emociones.

¿Se han puesto a pensar por qué a veces reaccionamos tan fuera de nosotros mismos, que no podemos controlarnos?

Es precisamente por este desconocimiento de uno mismo la falta de control.

Todos tenemos un pasado en el que muchas veces podremos haber vivido momentos de tristeza, experiencias dolorosas, hechos traumáticos, maltrato, rechazo, abandono, humillación, traición e injusticias en nuestra infancia, y todo empieza en casa, en nuestro hogar, donde tenemos nuestras primeras experiencias y aprendizajes, por lo general con nuestros padres, hermanos y abuelos. Sin dejar de mencionar que la experiencia en el jardín de niños y en la primaria también define mucho de cómo somos, no podemos negar que el medio ambiente tiene mucha injerencia. Empecemos describiendo tales heridas:

Primera herida emocional, el abandono: la soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia, nada fácil de curar, pero no imposible. Tal vez, tus padres te dejaban solo por mucho tiempo. Quien te cuidaba era la nana, o persona que ayudaba en los quehaceres domésticos. Alguno de tus padres abandonó el hogar por divorcio, enfermedad que lo inhabilitó para cuidarte o por muerte. Quienes tienen está herida, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazados y las barreras invisibles al contacto físico. Pueden sentir mucho apego a las personas, a las cosas, llegar a ser masoquistas o sumisos. Pudiera ser el caso de ser él o ella quien abandone su pareja en un futuro, por ese mismo miedo a volver a ser abandonado. Obviamente todo esto, si se hace consciente, se acepta y trabaja, llegará a sanar, que es el objetivo de este tema, y por supuesto puede acudir a terapia para ser acompañado (a) en este proceso de sanación.

Segunda herida emocional, el rechazo: es de las más profundas heridas, tal vez no esperaban tu llegada al mundo. Naciste hombre y querían mujer, o viceversa. Esto es inconsciente en algunos padres. No están de acuerdo en tu esencia. La persona que vivió está herida, tendrá miedo al rechazo, no se siente merecedora de afecto, ni comprensión, y se aísla en su vacío interior, lo anterior puede influir en el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales, genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo. Puede ser sumiso, aislarse, enojón. Sentir que haga lo que haga “nunca será suficiente”. Habrá que trabajar en tus temores, miedos, situaciones de pánico, autoestima, valorarte, tomar tus propias decisiones con entereza y determinación, amarte y aceptarte tú mismo (a). Dejar ir a las personas que no desean seguir a tu lado, eso es asunto de la persona, y no tuya. La primera opinión que debes tomar en cuenta es la que te tienes tu mismo (a), después de trabajar el amor, la aceptación y tu propio reconocimiento. Disfrutar de tu soledad, de ti mismo (a), apapacharte de todas las maneras que desees, porque siempre eres merecedor (a) de todo lo bello de la vida.

Tercera herida emocional, la humillación: sientes que los demás te desaprueban en todo y te critican. Te decían que eras torpe, que nada hacías bien, que te callaras, y no te tomaban en cuenta para nada, te insultaban delante de los demás o descalificaban, se burlaban de ti o no te tomaban en cuenta para nada. En la escuela pudo ser de igual forma. Esta herida genera una personalidad dependiente, egocéntrica, pudiste aprender a ser tirano, egoísta, como mecanismo de defensa, incluso humillar también como escudo. En esta herida habrá que trabajar la independencia, la libertad, la comprensión de tus necesidades y temores, así como tus prioridades.

Debo recalcar que nada de estas vivencias dolorosas fueron hechas con la intención de lastimar, más bien existe la ignorancia. Enfocarnos en ser consciente, reconocer, aceptar y sanar. Hacernos responsables nosotros ahora de nuestros procesos de sanación, y no echar culpas a nuestros padres, o quienes nos cuidaron y educaron, maestros incluidos. En todo caso, si hay una responsabilidad en todo cuanto hacemos, aunque sea inconscientemente. Pero recordemos que nadie nace sabiendo, y que cada uno ha hecho en la vida y con los hijos lo mejor que se ha podido aquí el objetivo, es sanar las heridas de la infancia. El próximo domingo seguiré con las otras heridas emocionales de la infancia.

Un abrazo fraterno amigos queridos , hasta la próxima, su amiga Verónica, Diosito por delante.

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