×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
11 Enero 2017 03:00:00
Hilda: el factor sorpresa
Primero se dijo –en columnas políticas– que su informe legislativo en Torreón, el 26 de octubre pasado, era una rendición: alzarle el brazo a Miguel Riquelme, delfín del gobernador Rubén Moreira, en el auditorio Braulio Fernández Aguirre, nombre del último mandatario estatal surgido de La Laguna. Sin embargo, ocurrió lo contrario: “Sí, deseo gobernar Coahuila”, dijo la senadora Hilda Flores frente a la mayoría de los aspirantes, incluido el propio Riquelme. No sólo no hubo claudicación, la saltillense se deslindó del proyecto continuista:

“El PRI sigue siendo la mejor opción (…), pero los militantes coahuilenses debemos entrar en un proceso de reflexión al interior de nuestro partido, en el cual se encuentra la posibilidad de construir la alternancia democrática que nuestro estado demanda. (…) La simulación socava las instituciones, genera frustración social y contamina la política. Nada se puede construir sin la confianza ciudadana. Lo que se erige sin ella, tarde o temprano se derrumba”.

Antes había advertido:

“Los priistas tenemos que ser muy sensibles al malestar ciudadano. Hoy este reclamo está claramente dirigido a acabar con la corrupción y la impunidad que tienen indignada a nuestra gente. Coincido plenamente con el mensaje que impulsa nuestro dirigente nacional, Enrique Ochoa: el partido tiene que entrar en un proceso de renovación y combatir frontalmente la corrupción en todas sus formas”. (En el ambiente todavía flotaba el caso de las empresas fantasma, que provocó la renuncia de la secretaria de Infraestructura, María Esther Monsiváis.)

Para no legitimar una candidatura contraria a tales principios y demandas, la senadora subordinó su participación: “Si tales condiciones existen, ahí estaré: con humildad y con la frente en alto”.

¿Por qué eligió Flores Torreón como sede de su informe? Para tender puentes con La Laguna, región que por sí sola no decide una elección, pero puede hacer ganar o perder a un candidato. Sobre todo en un contexto de división en el PRI como el actual. También fue una manera de honrar a su excompañero Braulio Manuel Fernández Aguirre, fallecido el 12 de febrero pasado. Ninguno tuvo la simpatía del Gobierno. Incluso fueron presionados para abandonar sus escaños, por poner en riesgo el proyecto continuista. Lo mismo le sucedió a Jesús María Ramón cuando era senador.

Después de solicitar licencia el 4 de enero, en columnas políticas volvió a insinuarse un acuerdo suyo con Miguel Riquelme para legitimar su candidatura. ¿Qué se ofrece en estos casos? ¿Una diputación federal, para hacerla perder? ¿El liderazgo de un Congreso devaluado? ¿La Alcaldía de Saltillo sin la seguridad de ganar? ¿Qué compensaría el sacrificio de una carrera política, que para muchos significaría traición? En su cuenta de Facebook, Flores fue muy clara sobre su separación del Senado. “(Fue) para cumplir la ley electoral y estar en posibilidades de poder contender a la Gubernatura de mi estado, si las condiciones y los términos de la convocatoria de mi partido así lo permiten”.

Sin embargo, las condiciones no lo permitieron. La convocatoria fue un traje a la medida de Riquelme. ¿Y el piso parejo? ¿Qué podría modificar la crónica de una candidatura largamente anunciada, mas no aceptada? Una rectificación de Los Pinos o del PRI nacional, a estas alturas, es improbable. Pero si la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales inhabilitara a Riquelme por el presunto desvío recursos de la Sedeso en su favor, Hilda Flores sería la solución del PRI.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add