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Dan T
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27 Febrero 2018 04:04:00
Historia de un hombre salado
Después de algunos años de no verse, dos amigos se encuentran en la calle:

–¡Jorge! ¿Cómo estás, hermano? ¡Qué gusto de verte! Siempre has sido un triunfador. ¿Cómo van las cosas?

–Pésimo.

–¿Cómo que pésimo? Pero si tenías hasta un Ferrari.

–Pues sí, pero se destruyó totalmente en un accidente y lo peor es que el seguro acababa de vencer, así que no recuperé ni un peso del auto.

–No, bueno, qué lástima. Pero, Jorge, las cosas materiales al fin y al cabo no importan tanto como las que nos dan sentido. Por ejemplo, tu hijo, aquel que era estrella del equipo de futbol y que se iba a estudiar una maestría a Estados Unidos, ¿cómo va?

–Él iba manejando el Ferrari.

–Perdóname, Jorge, caray, no sabía. Este, bueno, ya no sé qué decirte. Me imagino que tú y tu mujer están deshechos.

–La verdad es que Elena huyó con mi socio. Me ponían el cuerno desde hace años y finalmente se fueron juntos a una isla del Caribe.

–¡Qué desgraciados! Lo bueno es que te quedaste con la empresa.

–No, me robaron todo. Dejaron la empresa quebrada. ¡Debo millones de pesos y no tengo cómo pagarlos!

–¡Madre santa! Mejor cambiemos de tema. Este... hablemos de, no sé, ¡deportes! ¿Cómo anda tu equipo de futbol?

–Le voy al Cruz Azul.

–¡No mames, Jorge! ¿Que en tu vida no tienes nada positivo?

–Sí: la prueba del cáncer.

¡Ouch! Este hombre está casi tan salado como Miguel Ángel Mancera, aunque, claro, nadie le gana a Salty-Man. El jefe de Gobierno está tan salado que si fuera pescado, sería bacalao. Cada vez que quiere dar el gran salto... ¡se le ceba!

Apenas llegó al Gobierno, le tocó que a unos muchachos los secuestraran los narcos y los ejecutaran. Y aunque él iba llegando, le tocó cargar con todo el paquete. El abogado está tan salado que cuando toma tequila, se pone limón en el dedo y se lo chupa. Tan es así que también sufrió con la línea 12 del Metro. A Mancera no le tocó inaugurarla, pero sí enfrentar las primeras fallas, las quejas de los usuarios y el desastre de tener que cerrarla para evitar una tragedia. Otra vez tuvo que pagar una cuenta que no era suya, sino de Marcelo Ebrard.

Hace 2 años, se combinaron las peores situaciones atomosféricas y vino la gran época de las contingencias ambientales. Y ahí también Mancera cargó con la culpa, pese a que él ni controla el aire y mucho menos el ozono o las partículas suspendidas. Resulta que el Gobierno federal, sí, el de Enrique Peña, ordenó aplicar el Hoy No Circula, ¿y a quién le echaron la culpa? Obvio: a Mancera, el hombre que podría anunciar las Saladitas Santos.

Después quiso ser candidato a Presidente de la República y justo unos días antes de que pidiera licencia para irse a la aventura electoral, al hombre que bautizaron con agua de mar... le agarró el temblor de la Ciudad de México. Y entonces ni licencia, ni candidatura, ni nada, porque tampoco nadie le agradeció que se quedara a cumplir con su chamba y su obligación. Snif, snif, creo que voy a llorar. La historia de Mancera es más triste que mi estado de cuenta.

Pese a todo, Mancera mantenía la esperanza de ser candidato. Se suponía que el PRD iba a impulsar su candidatura. ¡Oh, tragedia! Lo que impulsaron fue otra salada anécdota para el funcionario que debería dirigir la Asociación Nacional de Productores de Sal, pues quien se quedó con la candidatura –y sin competencia– fue el panista Ricardo Anaya.

Pero ahí no acaba esta triste historia. ¡Oh, no! Todavía hay sal para rato, pues resulta que como premio de consolación, el PAN hizo a Mancera candidato plurinominal al Senado, lo que prácticamente le asegura llegar a ese cargo. Y justo cuando estaba a punto de dejar la Jefatura de Gobierno... ¡volvió a temblar! Ahora Mancera, ya de plano, está pensando en mejor renunciar a su nueva candidatura y quedarse donde está. Ojalá no le vuelva a temblar, porque en lugar de hueso le van a dar un bolillo.

¡Nos vemos el jueves!
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