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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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03 Diciembre 2010 05:10:37
Historia
“Mi mujer se vuelve loca conmigo cuando le hago el amor”. Así le dijo Jactancio, sujeto vanidoso, a un amigo. “No me sorprende -replicó éste-. ¿Por qué habrías de ser tú la excepción?”... Babalucas tenía cara de tonto. Un pintor pensó que sería el modelo perfecto para su cuadro “La irracionalidad humana”, de modo que le dijo: “Soy pintor. Te daré mil pesos si me permites pintarte”. “¡Ah no! -rechaza la oferta Babalucas-. ¿Y luego cómo me quito la pintura?”. (Este Babalucas es el mismo que le contó a un compañero de oficina: “El otro día jugué al golf en la nieve”. Le pregunta el otro: “¿Tuviste que pintar tus pelotitas?”.

“No -contesta el badulaque-. Nada más me puse ropa interior gruesa”)... Hasta los diputados conocen esa máxima según la cual la Historia es la maestra de la vida. En México, sin embargo, la Historia no es maestra, sino pugnaz mujer sembradora de discordia y desunión. Por causa de ella los mexicanos hemos estado divididos desde siempre: Hispanistas contra indigenistas; liberales contra conservadores, reaccionarios contra revolucionarios. No permitimos que nuestros héroes gocen la paz de los sepulcros; antes bien los esgrimimos como arma de combate, y los traemos al mal traer con nuestras disensiones. Las batallas de ayer siguen librándose hoy. En cierta ciudad norteña se le ocurrió al alcalde ponerle a una calle el nombre de Iturbide. Un ínclito historiador de la localidad se aplicó de inmediato, escalera en hombro y martillo en mano, a la ímproba y patriótica tarea de quitar de las esquinas las placas con el nombre de ese réprobo, condenado per fas et per nefas al mexicanísimo basurero de la Historia. Y esto que digo no sucedió hace décadas, sino recientemente. Para algunos escribidores la Historia no es ciencia todavía, sino rencor aún vivo.

Afortunadamente las cosas parecen ir cambiando. Por ejemplo, el centenario de la Revolución ha servido para mirar desde otra perspectiva la figura de don Porfirio Díaz. Se mencionan, es cierto, sus evidentes fallas y sus yerros, pero empieza a ser reconocida su obra en bien de la Nación, sobre todo cuando sus logros se ponen en contraste con los sucesos que luego acontecieron, y con los resultados de aquella “perfecta dictadura” -más larga aun que el porfiriato- en que devino la Revolución, y cuyos malos efectos sufrimos todavía. El próximo domingo 5, a las 5 de la tarde, presentaré en la FIL de Guadalajara mi más reciente libro: “La Otra Historia de México. Díaz y Madero. La espada y el espíritu”. Éxito editorial ha sido esa obra: llegó al primer lugar en ventas tanto en las excelentes librerías de Sanborns como en esa benemérita institución que es Gandhi. En la presentación ante mis cuatro lectores jaliscienses y circunvecinos narraré anécdotas de mi familia, que vivió con intensidad el drama de las luchas revolucionarias; evocaré recuerdos de infancia y juventud; diré de las figuras, algunas hilarantes, trágicas las más, que llenan el relato de aquellos días de cataclismo, y expresaré mis opiniones sobre los personajes de esa época definitoria. Te espero a ti, que eres uno de mis cuatro lectores fidelísimos. Si así lo quieres firmaré tu libro; me retrataré a tu lado, y nos uniremos en ese sentimiento que supera todas las diferencias y todas las ideologías: nuestro común amor a México...

Llegó a su casa el esposo de Uglilia, mujer poco agraciada, y la encontró boca con boca y cosa con cosa -así decía Quevedo- con su mejor amigo. Lleno de sentimiento le dijo al desleal tipo: “Pílades: yo debo hacer eso por obligación ¿pero tú?”... Varios hombres jóvenes tomaban el sol en la playa. Uno de ellos, por travesura, dijo a los demás:

“Tenemos ya bronceado todo el cuerpo, menos aquellita parte. Cubrámonos con arena, y dejemos expuesta sólo esa porción”. Así lo hicieron todos, en efecto.

Acertaron a pasar por ahí las señoritas Himenia Camafría y Solicia Sinpitier, maduras célibes. Al ver aquello Solicia exclama, pesarosa: “¡Caramba! ¡Nunca pude tener una de ésas, y cuando ya me estaba olvidando de ellas resulta que ahora crecen hasta en estado silvestre!”... FIN.
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