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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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20 Agosto 2017 04:01:00
Hitler estaba allí
“Cuando desperté, Adolfo Hitler todavía estaba allí”. Con ligeros cambios, el célebre cuento corto de Tito Monterroso podría servir de epígrafe a los trágicos acontecimientos ocurridos en Charlottesville, Virginia, Estados Unidos, la semana anterior. Como en las viejas películas norteamericanas, miembros del Ku Klux Klan marcharon, antorcha en mano, por el campus de la Universidad de Virginia, reviviendo odios raciales que si no creíamos muertos, pensábamos vegetaban en el cerebro de unos cuantos orates. Como se sabe, uno de ellos lanzó su auto contra una multitud que protestaba contra una marcha de ultranacionalistas. Una mujer llamada Heather Heyer murió y varias personas quedaron heridas.

Lo sucedido en Charlottesville revela que eso de los supremacistas blancos, ku klux klanes y neonazis son legión en el país vecino. Y si antes escondían su odio y ferocidad, ahora los exhiben impúdicamente en actitud retadora.

Durante la campaña de Donald Trump en busca de la Presidencia de Estados Unidos escribí que ya no importaba si ese estrafalario personaje ganaba o perdía las elecciones. Sus ataques a los inmigrantes mexicanos e islamistas ya habían sembrado la semilla del mal, legitimando sentimientos que quizá por pudor o vergüenza miles de sus compatriotas compartían, pero sin atreverse a expresarlos al no ser considerados políticamente correctos. El daño estaba hecho. Y ahora el racismo se quita la careta.

Trump, cuya posición ante los hechos del estado de Virginia fue tardía y ambigua, lo cual le ha atraído una catarata de críticas, es indirectamente el autor intelectual de lo ocurrido. Sus discursos y actos alentaron detestables expresiones racistas. Se podría apostar que cada uno de los portadores de antorcha en la manifestación del Ku Klux Klan, en las pasadas elecciones votó para que Donald Trump llegara a donde ahora se encuentra: la Casa Blanca.

Resulta paradójico que mientras los canales de televisión estadunidenses dedicados a temas históricos insistan en recordar las atrocidades cometidas por Adolfo Hitler y su pandilla antes y durante la Segunda Guerra Mundial, grupos de estadunidenses se dediquen a pregonar sentimientos racistas y vanagloriarse del color de su piel.

¿Cuál es la diferencia entre la búsqueda de la pureza aria, pretexto del genocidio nazi, y la supremacía blanca? Son tan parecidas que se confunden. La raíz es la misma: el orgullo de una imaginada calidad étnica que permite a quienes la disfrutan despreciar, perseguir y, cuando es posible –los nazis alemanes tuvieron la oportunidad–, exterminar a quienes son diferentes. En la lógica racista, diferente es sinónimo de inferior y de suprimible.

Si Charlottesville, Virginia, resulta no ser un brote aislado, Estados Unidos está a punto de enfrentar una crisis de consecuencias inimaginables. Una abominable regresión histórica que eventualmente pudiera repetir aquellos disturbios prohijados en los años 60 del siglo pasado por la resistencia de ciertos grupos a conceder iguales derechos civiles a los afroestadunidenses. Porque en Charlottesville –espero que no se considere una exageración– el humo de las antorchas dibujó los rasgos de Adolfo Hitler. Si el rostro no era el de él, se le parecía mucho.   

MARTÍN MADRIGAL

Virtuoso de la guitarra y maestro de numerosas generaciones de música, Martín Madrigal fue elegido con toda justicia para recibir la presea Manuel Acuña otorgada por el Ayuntamiento de Saltillo. Un acierto. ¡Felicidades!
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