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German Martínez
German Martínez
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30 Abril 2012 03:00:21
Humilladero laboral
En la "sociedad indecente" las instituciones "humillan" a las personas, dice Avishai Margalit, profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Trasladar libremente esa sentencia al mundo laboral nos permitiría decir: el sindicalismo indecente humilla al trabajador, y muchos sindicatos mexicanos son humilladeros laborales, desde donde se anima un círculo perverso de contubernio entre ellos y el Estado.

Primer paso, crear gremios laborales como fuentes de privilegios para apuntalar un Estado providencialista. Segundo paso, estimular desde ese Estado trámites legales, plazos administrativos, zonas de opacidad, ausencia de rendición de cuentas, etcétera, para favorecer a esos colectivos y volver a empujar al Estado benefactor; y claro está, amamantar a sus agremiados con subsidios y canonjías.

El Estado asistencialista cobija al sindicato y éste cuida del Estado paternal. Se alimentan mutuamente. ¿Y los trabajadores? ¿Y la productividad? ¿Y la competencia global? ¿Y el fomento a nuevas plazas de empleo? ¿Y el crecimiento de la economía?

Ese corporativismo mexicano recordará mañana, 1o. de mayo, un aniversario más de las luchas laborales de finales del siglo XIX y la masacre de obreros de Haymarket en Chicago, en 1886.

Nuestro sindicalismo, además, tiene dos caras, aunque la misma matriz antimoderna de humillación al trabajador. Por un lado un rostro contestatario, bravucón, antiliberal y anticapitalista, evidente apoyo a López Obrador. El otro está en brazos de Enrique Peña; no tienen ninguna convicción, históricamente agachan la cabeza a los dictados del gobierno en turno y mantienen la mano extendida al presupuesto nacional.

Los dos bloques se creen herederos legítimos y directos de las "conquistas" implantadas en nuestra Constitución Política desde 1917, cuando un país sin industria, sin conflictos laborales, con una economía rural de autoconsumo, plasmó en el texto constitucional los primeros derechos sociales-laborales del siglo 20.

¿Cómo llegaron a la Constitución mexicana esas "garantías laborales"? Recordar la historia demostrará el origen común de ese Estado asistencialista y ese sindicalismo asistido.

Venustiano Carraza (quien no tenía ningún compromiso laboral, incluso fue capaz de combatir huelgas con pena de muerte) concedió algunos "derechos laborales" al grupo del michoacano Francisco J. Múgica, para obtener el apoyo de éste en el verdadero propósito carrancista: robustecer y hacer hegemónico al Presidente frente a los otros dos poderes de la Unión. Así, el original artículo 123 de nuestra Carta Magna tiene como motivo fundacional la humillación del trabajador mexicano: engordar al presidencialismo del que después dependerá y vivirá el sindicalismo. ¿Ya olvidamos al emblemático líder obrero Fidel Velázquez, símbolo priista inequívoco de esa humillación de los trabajadores frente al presidente de la República?

¿Cuánto empleo habrán destruido o ahuyentado esas leyes laborales vigentes al recelar de la empresa y dudar de la flexibilidad del trabajo? ¿Cuánta incertidumbre generan por mantener la resolución de los conflictos obrero-patronales, en el discrecional ámbito administrativo (dentro del Poder Ejecutivo) y no en el de estricto derecho de la plena jurisdicción laboral (Poder Judicial)? ¿Cuánta mediocridad propician en el aparato productivo por no alentar la inversión privada y la democracia sindical? ¿Cuánta regulación gubernamental inútil mantienen para humillar al empleado en su centro de trabajo?

Quizá sea difícil ver una reforma liberal laboral, para romper el cordón sindical con el Estado. PRD no la quiere, PRI engañó con quererla. PAN ¿la querrá? ¿Todos viven del humilladero laboral?
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