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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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22 Enero 2017 03:50:00
Humoradas
“Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.” Federico García Lorca. Poeta y dramaturgo español.

Así como lo afirmé la semana pasada, el tema de los aforismos, máximas o sentencias; los denominados por el que escribe “tuits de cuando no existía Twitter” han dado para más de una sola columna. Sin embargo, en el caso de esta entrega les traigo tuits añejos hechos poesía o rimados. El autor de los presentes es don Ramón de Campoamor y Camposoorio; español igualmente y escritor del denominado realismo, los cuales pertenecen a sus denominadas “humoradas” –todavía sigo preguntándome por qué dicho título– y publicadas en un libro que fue impreso en 1889, que aunque no es primera edición, sí cuenta por primera vez con una tercera parte de las mismas, editado en la Ciudad de Valencia y recuperado por su servidor, para variar, en una librería de viejo de la Ciudad de México, al ínfimo precio de 48 pesos. Espero les agraden.

Si hago al juicio una llamada me responde el corazón; que si hay juicio no hay pasión, y si no hay pasión no hay nada.

Perdí media vida mía por cierto placer fatal, y la otra media daría por otro placer igual.

Aunque esté muerto de cierto, en nombre suyo llamadme; si no respondo, enterradme, porque de cierto estoy muerto.

Mira que ya el mundo advierte que al mirarnos de pasada, tú te pones colorada, yo pálido cual la muerte.

Cuando pasas por mi lado sin tenderme una mirada, ¿No te acuerdas de mí nada, o te acuerdas demasiado?

Quisiera al jardín volver de tu cariñoso amor, si se pudiera coger dos veces la misma flor.

Lo recuerdo de tal modo que aún creo que estoy mirando cómo fuiste colocando, mano, pie, cabeza y todo.

Cuando cobrar una de uno quiera prenda que aún no dio, esa una vendió a alguno lo que alguno no pagó.

Por más que sobre árbol bueno otro mejor he injertado, nunca hay fruta en mi cercado como en el cercado ajeno.

Loca por mí te figuras, más ya ven los que te advierten, que nunca haces más locuras que aquellas que te divierten.

Te pintaré en un cantar la rueda de la existencia: pecar, hacer penitencia, y luego volver a empezar.

Diciéndolo, no diré lo que aquel pinar esconde; allí, ya recuerdo dónde, nos pasó, ya sabes qué.

Pensando que he de morir a tal desventura llego, que como un muerto me entrego a la dicha de vivir.

La vida es dulce o amarga; lo corta o larga ¿Qué importa? El que la goza la halla corta, y el que sufre la halla larga.

Cuando las penas ajenas mido por las penas mías ¡Quién me diera a mí sus penas para hacer mis alegrías!

Corro de aquí para allá sin que halle mi afán parada, y no es porque busco nada, es que ando huyendo de mí.

Ya lo gozado y sufrido se ha pasado, y claro está; que si pasó lo venido, lo que venga pasará.

Si ayer tropecé bastante, hoy tropiezo mucho más; antes mirando adelante, después mirando hacia atrás.

Si como se sabe ya, el que espera desespera; quin, como yo, nada espera, ¡Cuál se desesperará!

Tarde vi lo inútil que es dar gusto a nuestra esperanza, pues cuando una cosa alcanza, quiere otra cosa después.

La niña es la mujer que respetamos, y la mujer la niña que engañamos.

Si la codicia de pedir es mucha, el hombre reza, pero Dios no escucha.

Miré… pero no he visto en parte alguna ir del brazo la dicha y la fortuna.

Procura hacer para apoyar la frente, un blando cabezal de la conciencia, para poder tranquilamente no hay opio mejor que la inocencia.

Me suelo preguntar de dudas lleno: ¿Son mejores los buenos o los justos? Y la elección va en gusto; yo doy todos los justos por un bueno.

Y finalmente una un “tuit” rimado infaltable: Y es que en el mundo traidor, nada es verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira.
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