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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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09 Junio 2018 04:00:00
Idiocracia
Aristóteles identificaba 6 formas de gobierno basadas en dos criterios básicos: cuantos gobiernan y el tipo de interés que persiguen:

¿Cuántos gobiernan?

Uno

Monarquía - Interés comunitario

Tiranía - Interés personal

Unos pocos;

Aristocracia - Interés comunitario

Oligarquía, Interés personal

Muchos:

República - Interés comunitario

Demagogia - Interés personal

Según el filósofo griego, los sistemas puros basados en el interés comunitario se pueden pervertir con el tiempo: el bien de la sociedad es sustituido así por el beneficio del gobernante.

Inclusive, la democracia precede a la demagogia. Mmmm, me suena muuuy familiar. ¿Trump y AMLO acaso?

No me meteré a una discusión de las fallas de la clasificación aristotélica (soy un total novato en la materia). Pero aprovecho el modelito para plantearle una posibilidad preocupante de nuestra era: la idiocracia. El gobierno de los idiotas.

Antes de seguir, dos precisiones:

1. Un gobernante idiota sería alguien con poca o nula capacidad para gobernar.

2. Se puede ser un genio en una cosa y un idiota en otra.

Por ejemplo, yo soy un idiota para arreglar algo en la casa. Mis hijos dicen que hasta para prender un boiler pido ayuda (100% cierto).

¿Qué factores definirían a un idiota funcional en la política, los negocios o la vida? Sin profundizar mucho, tres:

a) Poca inteligencia innata. Me viene a la cabeza el dicho: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta”.

b) Escasa preparación.

c) Nula experiencia práctica. No hay sustituto para la experiencia. Recuerde las 10 mil horas que sugiere Gladwell para ser experto en algo.

Le propongo que dos factores de nuestra era incrementan exponencialmente la posibilidad de tener gobernantes idiotas: la hipercomunicación (conectados 24x7) y las redes sociales.

Esta combinación explosiva, junto con el pobre nivel educativo, facilita que idiotas populares ganen elecciones. Y no me refiero a Trump o al Rayito. Si me lee, sabe que no soy fan de ninguno de ellos.

Uno es un pésimo presidente y el otro puede terminar de fregar a México.

Pero por lo menos ambos tienen ideas y estructura. Son malos, pero no idiotas funcionales. No, la cosa puede estar peor. Le pongo un ejemplo claro (y patético) de esta amenaza: Cuauhtémoc Blanco.

¿Qué méritos tiene este genio futbolístico para ser un buen gobernante? Para mí, absolutamente ninguno. Y sin embargo varias encuestas auguran que será el nuevo Gobernador de Morelos, un estado agobiado por problemas de inseguridad y pobreza.

Y no crea que ganaría por poquito. ¡Ja, arrasaría por 20 o 25 puntos! Su popularidad lo llevará a un triunfo histórico. De locos.

No es el único caso. Patricio Zambrano, personaje simpático y entrón de la farándula, está en tercer lugar en nuestra encuesta por la alcaldía de Monterrey. ¡Ufff! Si se da una sorpresa, hasta podría gobernar la capital industrial de México.

¿Qué pasará si empiezan a ganar este tipo de personajes? Adivinó: ¡habrá más! De hecho, en esta elección ya compiten muchos candidatos del mundo del espectáculo y los deportes en todos los rincones de México.

Es obvio: en términos aristotélicos los partidos no buscan el interés comunitario, buscan ganar. Van por su interés personal.

Van por el poder. y por el botín presupuestal que les significa jugosos negocios.

Hace algunos años vi una comedia muy simpática precisamente titulada Idiocracia (vea un tráiler en nuestros sitios). Cuenta la historia de Joe Bauers, un oficial del Ejército estadounidense que se somete a un experimento de criogenia.

Lo iban a congelar un año. y algo sale mal. ¡Permanece congelado 500 años!

Joe es un tipo totalmente promedio, pero al despertar encuentra un mundo muuuy cambiado. Abusar de celulares y videojuegos termina por provocar que todos sean unos idiotas. El presidente es un luchador (¿suena familiar, no?) y Joe es el tipo más inteligente del planeta. Y por mucho.

Los enredos son divertidos, se la recomiendo. Pero el mensaje es profundo. La verdad, hay cierto paralelismo con nuestra era.

Estamos todavía en los albores de un fenómeno que podría empeorar la ya de por sí grave situación que enfrentamos en tantos ámbitos. A fin de cuentas, si no cuidamos a quien elegimos los idiotas seremos nosotros, ¿o no?

En pocas palabras.

“Si tienes una cubeta de 5 galones y otra de dos, ¿cuántas cubetas tienes?” Test de IQ de la película Idiocracia
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