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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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14 Enero 2017 04:00:00
Iglesia revulsiva
Los jerarcas y sacerdotes de la Iglesia gratos al poder (político, económico y criminal, entre los cuales a veces no existen fronteras) son quienes no lo cuestionan, asisten a sus fiestas y callan frente a la injusticia y sus abusos. El Obispo de Saltillo, Raúl Vera, se encuentra en las antípodas de ese juego insano y perverso, cuyo plan es atemorizar y apagar la esperanza de una sociedad desamparada y traicionada por quienes, en teoría, deberían defenderla. Si las iglesias pierden fieles se debe, en entre otras cosas, a la incongruencia de quienes por un lado predican la palabra de Dios, y por el otro aplauden al César.

En su gira del año pasado a nuestro país, en medio de una crisis menos grave que la actual (las cosas siempre pueden empeorar, aunque lo malo no se cuente o se cuente a medias, parece ser el lema de la Presidencia de Peña Nieto), el papa Francisco dio la pauta a 165 los obispos del país sobre cómo deben armarse para luchar contra dos de los peores jinetes del apocalipsis mexicano: la violencia y la corrupción:

“Sólo comenzando por las familias; acercándonos y abrazando la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades; involucrando a las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, las comunidades políticas, las estructuras de seguridad; sólo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas. Sea la vida de quien muere como víctima, sea la de quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada”.

El obispo Vera incomoda al poder porque lo desenmascara y denuncia sus excesos y tropelías. Porque está del lado de los pobres, en la línea del papa Francisco, cuya visita a México fue revulsiva. Como arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio puso también de cabeza al ambicioso e inescrupuloso matrimonio Kirchner. El obispo Vera, quien ha enterado al papa de la situación en Coahuila ha sido intimidado por el poder, pero mantiene firme su verdad y su apostolado. Por eso se le respeta y aprecia dentro y fuera del país. El dominico es un agente de cambio. Varias veces ha sido propuesto para Nobel de la Paz, por su defensa de las comunidades vulnerables.

En su mensaje navideño, Vera se refirió a la situación del país y del estado:

“Cuántas familias desoladas por la violencia, la persecución, la intimidación, los desaparecidos, los asaltos, las drogas y el alcohol, los bajos salarios, lo caro de la canasta básica, los altos precios del transporte y las carreteras, la falta de medicamentos y médicos, el poco acceso a la educación y la cultura, la irresponsabilidad, el egoísmo y la falta de amor y solidaridad. ¡Cuánta falta de justicia, y por ende, cuánta falta de paz!”.

Vera ha sido también uno de los críticos de la corrupción y la deuda de Coahuila, que entre capital e intereses rebasa los 60 mil millones de pesos. “No, hermanos, las inmoralidades llevan sus resultados. Nosotros no podemos permanecer callados, inmóviles. Creer que todo se fue en puentes y no sé qué, para que me entiendan. Él (Jesucristo) vino a enseñarnos la verdad, y la verdad nos hace libres”, dijo en la misa de Noche Buena en el templo de San Pablo Apóstol. La concurrencia respondió, puesta en pie, con una salva de aplausos.
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