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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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16 Agosto 2018 04:00:00
Imitadores del talento
Talento, innovación, riesgo, creatividad… son palabras que tienen contenido profundo y de amplio espectro de aplicación en el sector empresarial y de emprendimiento de negocios.

Todos deseamos, anhelamos el éxito y la seguridad que tenerlo trae consigo, pero pocos, muy pocos, deciden correr el riesgo de poner a trabajar su talento y su creatividad por el miedo al fracaso.

Es así que muchos nos hemos convertido en imitadores de los exitosos, queremos obtener la fórmula del triunfo de cada uno de los negocios o personas que han conquistado su mercado con la actividad puesta en operación, de ahí la existencia de las franquicias. Hay un modelo y diseño de sistema de administración y proveeduría que garantizan el retorno de la inversión y ganancia, pero talento aplicado, nada, y lo más grave es que incluso ahí pierden.

¿Qué pasó con la Pastelería La Salle? Comenzó en una casa al fondo de una privada frente al Colegio Zaragoza, fue creciendo porque hacía buenos productos y se posicionó en el mercado local y ahora comercializa sus productos en Monterrey. Pero en cuanto La Salle se convirtió en un ejemplo a seguir, decenas de pastelerías surgieron poco después tratando de imitar el éxito; algunas propusieron un valor agregado al pastel, pero ninguna alcanzó el de-sempeño de La Salle.

Después fue posible ver al Pollo Loco, que tiene su receta para preparar el alimento y es un negocio muy exitoso, y enseguida aparecieron replicadores como el Pollo Estilo Sinaloa, que se quedó en el campo de batalla y otros que siguen creciendo con el valor agregado de las quesadillas y las tortillas hechas a mano, y decenas y decenas más de “competidores”.

Esto pasa en los grandes negocios y si usted se da una vuelta por las mañanas en las diferentes arterias de la ciudad de norte a sur y de oriente a poniente verá a los micronegocios y pequeños establecimientos de gorditas, todos con la misma oferta y sin ninguna innovación o creatividad: los mismos guisos, las mismas salas y la misma variedad de harina de trigo o de maíz. La propuesta gastronómica en este caso es la misma y no se diga en los tacos y hamburguesas: todos con lo mismo, no hay talento aplicado a un mismo producto, en cada esquina todo es semejante.

Los comercios que se abren en los últimos tiempos son imitadores de lo que hay, pero carecen de propuesta, valor agregado, innovación, creatividad, porque lo que menos desean es perder y no quieren correr riesgos.

El miedo a fracasar hace que haya sólo vulgares émulos de lo mismo, carentes de capacidad para transformar un producto o artículo con algo novedoso, propositivo, que cambie el ambiente de los negocios, que se le reconozca porque tomó una base existente y la cambió con su talento y creatividad.

Como en la industria hay carencia de talento para los negocios y aversión al riesgo y ser señalado como un perdedor ha hecho “empresarios” de recetas que no proponen nada, sólo hacen más de lo mismo, son borregos que siguen la voz de su pastor: la imitación y el miedo al fracaso.
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