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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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04 Marzo 2017 04:00:00
Imprudencias y accidentes
Hay situaciones que no deberían ocurrir jamás. Sin embargo en un segundo la vida de cualquier persona puede cambiar. Los accidentes no avisan, solo ocurren; aunque también, hay que decirlo algunos se pueden prevenir o lo que sería mejor, evitar.

Los accidentes caseros surgen en algunas ocasiones por la imprudencia de los adultos, quienes, a pesar de las recomendaciones que se proporcionan como medidas preventivas, hacen caso omiso de ellas.

Casos donde los perjudicados resultan ser los niños, no son pocos. La pésima costumbre de guardar en recipientes que no están hechos para ciertos productos, es una de las causas que suelen provocar accidentes en los hogares.

Cloro, veneno para roedores y otras substancias tóxicas, en ocasiones son depositados en botellas de refresco o envases diferentes al que debería utilizarse para un fin determinado. No hay etiqueta o señalamiento que indique el riesgo del producto. Como si fuera poco se deja al alcance de los niños.

Hemos conocido casos de accidentes donde menores de edad, han resultado víctimas de un descuido en su propia casa. La ingestión de algún tóxico les ha llegado a provocar malestares con pronóstico reservado. La fatalidad al hacer acto de presencia, no siempre ofrece los mismos resultados; es decir, puede llevar un riesgo que podría causar la muerte. La pérdida de un menor no es fácil de asimilar. Mucho menos por un incidente que quizás pudo haberse evitado.

Los señalamientos por parte de quienes opinan acerca del incidente, siempre recaen en los adultos, por supuesto. Y van dirigidos a las madres por ser quienes están más tiempo en casa con los niños.

Cuidar niños, lo sabemos, no es tarea fácil y los accidentes ocurren en un abrir y cerrar de ojos. Hay niños tranquilos que se entretienen jugando solos, pero hay otros que no lo son tanto. Son traviesos; por eso no está de más decir que hay que extremar precauciones, sobre todo con lo que se tiene o se guarda en casa. Procurar dejar aquello que implique algún riesgo para ellos, fuera de su alcance.

No solo los productos tóxicos constituyen un peligro para la familia. Las armas en casa son un riesgo. La propuesta de algún Senador, de legalizar las armas para defensa personal, yo no la considero una buena idea como tampoco una solución a los problemas de inseguridad.

Es la venta indiscriminada de armas y las leyes que favorecen a los delincuentes, lo que hace que la falta de seguridad prevalezca. Un ciudadano tranquilo, honesto, respetuoso de las leyes ¿tendrá que andar armado, por si acaso? ¿Es necesario armarse para acabar con la delincuencia?

¡Qué vergüenza! Con esa propuesta solo están mostrando su incapacidad para hacer leyes que favorezcan a los ciudadanos. Si hubiera un efectivo control de armas, control de pandillas, leyes que protejan a los ciudadanos no a los delincuentes, otra situación se viviría.

La delincuencia actúa por una sencilla razón: Se sienten protegidos; se sienten apoyados en sus “derechos”. ¿Desde cuándo cometer un delito se convirtió en un derecho? Porque al brindarles impunidad a quienes delinquen, a quienes agreden a personas en su hogar, centro de trabajo y espacios libres, solo propicia la inseguridad y el temor en las víctimas.

La imprudencia, la falta de precaución, provoca una serie de accidentes. En alguna ocasión me he referido ya a los accidentes automovilísticos. El comportamiento de las personas ha cambiado notablemente. La falta de educación vial que trae consigo la ausencia de respeto a las leyes, a la autoridad y como si fuera poco, a los demás, está propiciando accidentes con consecuencias fatales, que van desde un alcance hasta un impacto donde hay pérdidas de vidas humanas.

Hace falta más que educación vial un poco de sentido común y mucho respeto a otros. Lo vemos en plena ciudad, en zonas escolares; algunos estudiantes no respetan señalamientos o semáforos. Retan a los conductores con su errónea actitud como si ellos, los jóvenes, fueran de hule. Se desplazan con una lentitud entre los carros en movimiento, a la salida de su escuela, sin esperar que les cedan el paso los conductores o que el semáforo esté en rojo. ¿Qué les pasa? ¿Quién los educa?

De los ciclistas y pasajeros de motos ¡Ni hablar! Pareciera algunos buscan provocar un accidente para ver qué consiguen. Nos ha pasado en alguna ocasión; los vemos desplazarse en sentido contrario, atravesarse, pasarse los altos sin precaución alguna. Tremendo ¿no cree usted?

Si todos nos respetáramos ¡Qué distinto sería! No es difícil, solo falta voluntad para lograr una mejor convivencia. Existen accidentes que pueden evitarse. Se han dado casos de atropellamiento por conducir a alta velocidad en zonas donde hay indicaciones específicas. También algo que pareciera ir en aumento es conducir hablando por el celular o enviando mensajes.

¿De qué sirven las leyes si no se respetan? Y lo peor, las autoridades no ponen un orden. Hagan que se cumpla la ley. Hagan que el infractor pague por su falta. Un celular o cualquier cosa material se puede sustituir pero una vida ¡Jamás! Lamentablemente en eso es en lo que menos se piensa en el momento de actuar erróneamente. Hay quien cree que una actitud que se ha convertido en un mal hábito, es correcta como la de utilizar el celular mientras se conduce-

Los niños no miden el peligro; los adultos sí. Actuemos con mayor responsabilidad

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