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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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17 Julio 2017 03:00:00
INE: la parodia
El presidente Peña Nieto se encoge a medida que el sexenio avanza, mientras los problemas históricos (pobreza, corrupción, inseguridad, violencia, impunidad) se agravan, surgen otros y juntos tienen al país al borde de la ingobernabilidad y la inestabilidad. No sólo es el Presidente quien se achica y elude sus responsabilidades de jefe de Estado. El sistema político y las instituciones dejaron de funcionar y de representar y responder a una ciudadanía cuya agenda está por encima de la suya.

Rebasados por las circunstancias, los gobiernos federal, estatal y municipal buscan proteger sus intereses y frenar el impulso de una sociedad cada día más impaciente y enfadada. Las herramientas son el presupuesto para comprar o rentar conciencias, el halago para engatusar, la fuerza para reprimir, la retórica para ganar tiempo y la mentira para desalentar la participación civil en los asuntos públicos. Con altos grados de venalidad en todas las esferas del poder, resulta absurdo no sólo posponer sino desnaturalizar el Sistema Nacional Anticorrupción y sus equivalentes en los estados. El Presidente y los gobernadores boicotean toda iniciativa ciudadana para someterlos a la ley.

El retroceso en democracia, respeto a los derechos humanos, libertad de expresión, división de poderes, transparencia, seguridad y justicia, registrado en los últimos años, refleja la vocación autoritaria, antidemocrática y autócrata del Presidente. Tratar de conservar el poder en 2018 con los usos y costumbres aplicados en las recientes elecciones de Coahuila y Estado de México, cuando el rechazo al PRI y a Peña Nieto no tiene precedente, es una provocación irresponsable cuya respuesta remite al caos en Venezuela por la pretensión de Nicolás Maduro de aferrarse al mando.

Una de las instituciones peor evaluadas y con mayor descrédito del país es el Instituto Nacional Electoral (INE), por su indolencia y sometimiento a los partidos. En el año 2000, el IFE (antecedente del INE) organizó los comicios más creíbles y reconocidos en México y el extranjero. Además de históricos, pues fueron los de la primera alternancia después de 71 años de gobiernos del PRI. En vez de desmontar las estructuras viciadas y sustituirlas por otras modernas y eficaces, el poder socava las que representan un riesgo para sus intereses. El INE es una parodia, en la cual el consejo general y los partidos son actores principales.

Poner en el tapete de la negociación el resultado de unas elecciones quebranta la ley, corrompe la democracia, vuelve inútil al INE, cuyo presupuesto rondará este año los 11 mil millones de pesos, y vulnera la voluntad popular. Los comicios en Coahuila y el Estado de México deben anularse por las múltiples irregularidades –el rebase en los topes de campaña es la menor de las faltas– y por la intervención de los gobiernos locales –y federal en el segundo de los casos–. Canjear un estado por otro no es democracia, es comercio vil chantaje.

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Legipe) debe aplicarse al pie de la letra, no al gusto o conveniencia de un partido, un clan o autoridad alguna. El interés de Peña Nieto por el Estado de México es obvio: si va a perder las elecciones de 2018, conservar al menos el poder local para su grupo y asegurarse un refugio seguro, pues su presidencia ha resultado incluso más deleznable que la de Salinas de Gortari. “El Salvador de México” terminó por convertirse en pesadilla.
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