×
Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
ver +
Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

" Comentar Imprimir
17 Diciembre 2010 05:08:15
Inflación
Doña Jodoncia dijo en la reunión de damas: “Mi esposo, que representa aquí al sexo débil...”. Una señora la corrigió: “Querrás decir al sexo fuerte”. “No -contesta doña Jodoncia-. Al sexo débil. Después de hacerlo una vez se cansa”...

Tras revisar a la mujer le dice el médico al marido: “No me gusta nada el aspecto de su esposa”. Responde con voz sombría el individuo: “Ya somos dos, doctor”... Al empezar la noche de bodas el novio no podía desatar el nudo en la cinta de uno de sus zapatos. La flamante mujercita, ya en la cama, repetía con voz de éxtasis: “¡No puedo creer que ya estemos casados! ¡No puedo creer que ya estemos casados!”. Le dice el muchacho, hosco: “Deja nada más que pueda desatarme esta maldita cinta, y te convenceré de que ya lo estamos”... Lady Loosebloomers reprendió con acrimonia a su mucama, pues no había arreglado bien las flores de un jarrón. La fámula le retobó: “Las arreglo mejor que usted, milady. Eso me dice siempre el jardinero. Y también, dicho sea de paso, hago el amor mejor que usted”. Lady Loosebloomers se amoscó: “Supongo que eso te lo dijo mi marido”. “No -replica la muchacha: “Eso me lo dijo el chofer”... Suelo dar fin a mi jornada anual de escribidor narrando, el 31 de diciembre, “El Chiste más Pelado del Año”. Para tal ocasión escojo un cuento de color subido, de esos que cimbran los cimientos morales de la sociedad y hacen caer sobre mí los vilipendios, anatemas y dicterios de la Pía Sociedad de Sociedades Pías.

Sus admoniciones deberían hacerme cambiar tan incivil procedimiento por una conducta más apegada a la sindéresis. Los altos valores del espíritu han de mover la péñola de quien escribe en los papeles públicos, pues el hombre de pensamiento es un potente faro cuya luz guía las conciencias. El problema es que yo no soy hombre de pensamiento, sino escribiente huizachero; ni soy potente faro, sino humilde vela, y no de parafina, esperma o estearina, sino de sebo, esas pestíferas candelas que dan más humo que luminosidad, las cuales ni siquiera alcanzan a alumbrar los rincones tenebregosos de un sórdido figón, menos aún a poner una brizna de claror en la calígine de la humanidad. (Permítanme un momento para apuntar eso de “tenebregoso”. Puede servirme como diatriba para abaldonar a alguien: “¡Es usted un pen...!”. “¡Y usted, señor mío, es un tenebregoso!”). Pero veo que me estoy apartando del discurso.

Vuelvo a él. Me propongo narrar el día último de este mes no “El Chiste más Pelado del Año”, sino “Los Dos Chistes Más Pelados del Año”. ¡Dos cuentos en vez de uno! Cosas de la inflación, supongo. Cuando de inflaciones se habla siempre recuerdo la que se desató en los primeros meses del gobierno de Salvador Allende, en Chile. Un comunista chileno dijo muy contento: “¡Esta inflación acabará con la burguesía!”. “No -respondió Pablo Neruda-. Acabará con nosotros”. Ha habido en México inflaciones galopantes. La de los tiempos de Miguel de la Madrid habría podido ganar, por galopante, el Derby de Kentucky. Eso fue motivo de gran resentimiento popular que, unido a otros factores acumulados, trajo consigo finalmente la defenestración del PRI. La inflación es un impuesto adicional que los ciudadanos pagan. Cierto señor ventripotente llamaba a su prominente panza “El ciprés de cementerio”. “Porque da sombra a un muerto”, explicaba con tristeza. Decía ese mismo señor: “En mi caso la inflación se da más arriba de donde debería darse”. Cuide la actual administración de que los repetidos aumentos en el precio de la gasolina no sigan siendo causa de nuevas alzas en el costo de la vida, pues eso, señores míos, en las urnas se paga.

(¡Bófonos!)... La verdad es que todo se paga. Don Astasio encontró a su esposa, Facilisa, en apretado concúbito libidinoso con el vecino de al lado. “¡Ah! -bufó el coronado marido enrostrando al verriondo galán-. ¡Esto lo va a pagar usted muy caro!”. El fornicario se vuelve hacia la pecatriz y le reprocha: “No me dijiste que me iban a cobrar”... FIN.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2