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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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30 Junio 2017 04:00:00
Informe final
El día de ayer, la Junta Local Ejecutiva en el estado de Coahuila, del Instituto Nacional Electoral, celebró su última Sesión Ordinaria ante la inminente conclusión del Proceso Electoral 2016-2017. La última sesión fue cerrada con la intervención del presidente del Consejo local en el estado, quien dio el mensaje del adiós y en el cual por ningún motivo aceptó que haya habido errores en la preparación de los comicios locales y mucho menos que los mismos hayan sido cometidos por el órgano electoral que preside.

En esa sesión se rindieron además los informes finales de los resultados de la segunda etapa de capacitación electoral, los de la evaluación de las actividades realizadas por los supervisores electorales y capacitadores asistentes electorales, así como los informes sobre la conclusión de las etapas, actos y actividades trascendentes del proceso electoral, incluso se informó lo relativo al seguimiento dado por el INE a las sesiones del Consejo local del OPLE (IEC).

Cabe mencionar, que en ninguno de los informes rendidos se contempló referencia alguna respecto al cúmulo de incidentes y desaciertos tanto del IEC como del INE, pareciera que nada había sucedido, los miembros del consejo, con excepción de los consejeros Luis Tláloc Córdova Alveláis y Rubén Canseco López, consideraron que la elección ocurrida en nuestro estado se desarrolló en los límites de la tolerancia, por lo que no hay nada que reprocharse.

Tal parece que los miembros del Consejo con sus honrosas excepciones, desestiman desde ahora las más de 100 impugnaciones interpuestas por diversos actores políticos en contra de los actos de las autoridades electorales, los que, si bien es cierto, quizás no logren revocar la elección ni sus resultados, sí destapan la falta de eficiencia y profesionalismo de quienes tenían como principal encargo la preparación de la elección coahuilense 2016-2017.

Era de esperarse que los órganos electorales en sus informes finales, como ya lo hicieron, negaran lo que para los ciudadanos es evidente y que lo es, que no cumplieron con el mandato constitucional de otorgar certeza a los procesos electorales y que otra vez perdieron la oportunidad de recuperar la confianza del electorado, porque siguen subordinados a los intereses de la minoría que se ha mantenido en el poder a través del control que ejerce sobre las instituciones políticas.

Lo peor es que, ante tal falta de aceptación de los errores cometidos por los mismos en la organización de la contienda que recién concluye, nos lleva a vaticinar que la elección del próximo año padecerá de lo mismo, pues sin duda será manejada por quienes ahora cierran los ojos y prefieren hacer como que nada malo ha pasado y que al no aceptar que las cosas se hicieron mal, sin duda lo volverán a hacer.

Es decir, el informe final en el mejor de los casos es: la elección local, no dejó ningún avance democrático institucional, y sólo sirvió para que eso que se llama proceso electoral siga siendo la coartada que oculta que en México no hay democracia verdadera, sino una democracia simulada, bajo el control de los poderes fácticos y de la camarilla que gobierna al país en su propio beneficio y que controla a la mayoría de los partidos políticos y a las instituciones.
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