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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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24 Mayo 2016 04:00:57
Internet: oportunidad y reto
Internet llegó no sólo para quedarse, sino para transformar la vida de todas las personas, la de quienes lo usan y la de quienes no. En dos décadas hemos pasado de tener acceso sólo en algunos remotos centros de cómputo hasta tenerlo desde la palma de la mano.

Nos hemos “internetizado”. Hace cinco años difícilmente hubiera imaginado ver a mi mamá angustiada por no encontrar su tableta o por haberse desconectado de la red; a mi abuelita pidiéndome que le muestre un video de YouTube, o recibir una invitación de Facebook de parte de Marcelino, un señor de 80 años que trabajó como vigilante del edificio en el que vivo.

De acuerdo con el 12º Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2016, dado a conocer por la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), hace 10 años en nuestro país había 22 millones de internautas, el 21% de la población; actualmente hay 65 millones, el 59%. Según la misma fuente, el acceso a redes sociales (como Facebook, WhatsApp, Twitter, YouTube e Instagram) sigue siendo la principal actividad online (79% de los internautas).

Internet y las redes sociales pueden abordarse desde muchos ángulos. Uno de ellos es desde su impacto diario en los derechos de las personas, pues han demostrado su eficacia para contribuir a garantizar su materialización. Por esa razón Naciones Unidas se ha pronunciado sobre la trascendencia de la conectividad a la llamada red de redes, y en la Constitución mexicana se ha garantizado el derecho de acceso a la banda ancha e Internet. Entre los derechos que han sido favorecidos mediante su uso se encuentran los de educación, salud, acceso a la información, ejercicio profesional, recreación y, destacadamente, el de libertad de expresión, el cual resulta esencial para la vigencia de cualquier democracia y el desarrollo de las personas. Internet se ha convertido en la herramienta más valiosa para buscar, recibir y difundir informaciones e ideas.

Internet parece ser un gran paso en la evolución de la humanidad en virtud de su capacidad de coadyuvar a la efectividad de la libertad de expresión. Sin embargo, conlleva, entre otros, un reto cuya dimensión es quizá tan grande como sus beneficios: su uso responsable. La incesante posibilidad de que lo que escribimos sea leído de inmediato hasta por millones de personas es una tentadora oportunidad para realizar aportaciones constructivas, pero también para lanzar comentarios dañinos y críticas destructivas.

Lo vemos todo el tiempo. Una gran cantidad de personas han sido blanco de injurias, difamaciones y ofensas que no se justifican, resultan infundadas y transgreden la dignidad humana (la de ellas y la de todos). La libertad de expresión no es un derecho absoluto. Su ejercicio tiene restricciones y están establecidas en los mismos marcos jurídicos nacionales e internacionales en los que se le reconoce. Así, por ejemplo, del Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos se deriva que la libertad de pensamiento y de expresión tiene como límites el respeto a los derechos o a la reputación de los demás, la protección de la seguridad nacional, el orden público, la salud y la moral públicas. Esto sin olvidar el deber que todos tenemos de comportarnos fraternalmente con los demás; la obligación de respetar sus derechos y manifestarnos en contra de quienes los violenten, y la necesidad de no afectar con prejuicios el principio de presunción de inocencia.

Es esencial no perder de vista esta parte del uso de Internet. De lo contrario, el que para muchos es el invento más importante del siglo pasado, puede convertirse en una amenaza de autodestrucción debido a la falta de conciencia, la debilidad de valores, la ignorancia y la manipulación.


Por: David Boone de la Garza
@Boonepolis
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