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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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15 Agosto 2016 04:00:35
Intolerancia: México y su resistencia al pluralismo
En ocasiones anteriores he compartido algunas reflexiones sobre el incremento de la desconfianza y del resentimiento entre los mexicanos.

He señalado, por ejemplo, que, de acuerdo con diversos muestreos, 52% discrepa con la idea de que la mayoría de la gente sea honrada y que se pueda confiar en ella, así como que más de 30% ha referido haberse sentido discriminado (por los mismos mexicanos) en lugares públicos a causa de sus costumbres y cultura, y que casi 40% ha respondido que no estaría dispuesto a permitir que en su casa vivan personas lesbianas u homosexuales.

Aunque esta información es el resultado de varios estudios demoscópicos llevados a cabo por la Universidad Nacional Autónoma de México (2015), todos los días encontramos evidencia suficiente para asegurar que en nuestro país en verdad existe un ambiente de escepticismo, irritación y animadversión (probablemente más grave que lo que reflejan las encuestas) que poco a poco crece, al grado en que llega el punto en el que, por más que se intente evadir, tarde o temprano, nos enfrentamos a él, lo padecemos y, consciente o inconscientemente, lo atizamos.

A ratos, pareciera como si los mexicanos estuviéramos peleados todos contra todos, o “muchos contra muchos”. Internet y, concretamente, las redes sociales (que quizá no nos llegaron en el mejor momento), sobre todo Facebook, Twitter, YouTube y WhatsApp, se han convertido en el campo de batalla por excelencia.

Ya se trate de política o religión, ya de espectáculos o deportes, cada vez son más frecuentes los desencuentros (hasta tonos que distan mucho de las reglas básicas de la cordialidad) entre conocidos y desconocidos, entre amigos, familiares, compañeros de escuela o de trabajo.

Me queda claro que los problemas sociales que enfrentamos en nuestro país como la pobreza, desigualdad, inseguridad, el estancamiento (o lento crecimiento) de la economía, hasta la obesidad y los precios de la gasolina, nos preocupan e inquietan a muchos mexicanos y a nuestras familias. Pero considero irracional que, por esas circunstancias (en parte, debidas a todos y responsabilidad de todos), nos enfrasquemos con frecuencia en pleitos y rencores, a la menor provocación.

Más bien creo que se debe a este hecho que, acertadamente, describe la investigadora Julia Flores: “Desafortunadamente, en nuestro país no existe todavía una cultura de la tolerancia, el término ‘tolerancia’ es en la práctica sinónimo de aguantar. La segunda acepción de tolerancia es respeto a la diversidad.

Se trata de una actitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. No es permitir un mal menor, sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos…

Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al vive y deja vivir; en cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva”.

Reconocer que esa realidad negativa existe hoy en día en nuestro país, que en alguna medida (por acción o por omisión) todos hemos contribuido a formarla y que nos afecta sin excepción, es un primer paso necesario para superarla. ¿Qué hacer después?

Aunque no es sencillo responder a esta pregunta, ya que se trata de un problema estructural desafortunadamente arraigado en la cultura, estoy convencido de que la empatía puede ser una buena estrategia. Ver a los demás como iguales en dignidad a nosotros, identificarnos en ellos y compartir sus sentimientos –lo que siempre es posible con base en las coincidencias–, no sólo es algo muy conveniente, sino además un deber; el primer deber que tenemos y que consiste en comportarnos fraternalmente con todas las personas.

Para ello es necesario que constantemente hagamos ejercicios de introspección y autocrítica, y que estemos dispuestos a cambiar y mejorar, mediante el uso de la razón y la conciencia.
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