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Dalia Reyes
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03 Noviembre 2018 04:00:00
Invisible
Volverse invisible es un sueño común entre niños, jóvenes, delincuentes y madres con más de un hijo o uno solo pero adolescente. Hay recetas históricas practicadas por brujas, hechiceros, científicos y directores de cine; hasta ahora, solo ha funcionado esa que dicta la mercadotecnia.

Un señor, el otro día, se echó limón en la cara y llegó a la lúcida conclusión de que ese ingrediente lo habría vuelto invisible; así las cosas, fue a robar un banco. Ya con la Policía encima, afirmó haber corroborado su teoría al mirar su borrosa imagen en un espejo justo tras vaciarse una taza de jugo en la cara y, por supuesto, los ojos. Desconozco si al final cayó en la cuenta correcta.

Luego ciertos investigadores inventaron la capa de invisibilidad, solo requería que el individuo metido en ella desviara los fotones chocando contra su cuerpo; como eso no fue posible, proyectaron la imagen de una pared trasera al frente del conejillo de indias. Dejó de verse, es cierto, pero invisible no se volvió.

En realidad hubo quien, en 1949, dio al clavo con la solución: Bob Dylan. En su canción “Like a rolling Stone” la última estrofa dice: “No puedes negarte cuando no tienes nada, no tienes nada que perder, ahora eres invisible, no tienes ningún secreto que ocultar”. Se refería a una mujer quien, tras tenerlo todo, se volvió mendiga y desapareció de los escenarios en una sociedad que rinde culto a la opulencia.

Convertirse alguien a las filas de la miseria es un acto quiromántico para volverse transparente; los pobres son uno mismo, no hay una cara particular que les corresponda. Ahora bien, el extremo opuesto también vuelve invisible.

La mercadotecnia dicta, paso a paso, cómo vestir, calzar, lucir para ser únicos; al final, entre tantos únicos todos acaban por ser iguales. Lo dijo con todas sus letras Síndrome, el villano en la película “Los increíbles”: Cuando todos tengan armas especiales, ya nadie lo será.

Como se ve, la fórmula para volverse invisible no es tan complicada, lo difícil, en realidad, es tratar de ser diferente, pues eso nos convierte en blanco fácil.


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