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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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09 Diciembre 2016 04:00:00
Isidro y Riquelme, actos anticipados de campaña
En días pasados, el Alcalde de Saltillo, Isidro López, rindió a la ciudadanía un supuesto Tercer Informe de Gobierno, en el cual poco se habló de los abusos policiacos que vive la ciudadanía, la falta de atención a las calles de esta ciudad y el nulo avance en materia de desarrollo social en nuestro municipio; sin embargo, lo que sí dejó ver, fue su incontrolable aspiración a ocupar el cargo de gobernador de esta entidad federativa. Con dicho informe el Alcalde saltillense complementó el mensaje vertido en los medios de comunicación difundido en últimas fechas, bajo la misma excusa y en los cuales invita a la población a considerar a su persona como un cambio en la política del estado.

De igual forma, en Torreón el ciudadano Miguel Ángel Riquelme, Munícipe de aquella ciudad, en su tercer informe de resultados no dudó en reconocer que su aspiración principal no es la de servir a los habitantes de Torreón en el cargo que estos le han encomendado, sino que lo es llegar a dirigir el estado de Coahuila, por lo que contenderá en la elección local de 2017.

Ambos funcionarios, en ejercicio de sus funciones y con la ayuda del presupuesto municipal, organizaron fastuosas ceremonias con el inequívoco propósito de llamar la atención de los coahuilenses, para posicionar desde ahora tanto su personalidad como sus intenciones electorales, bajo al pretexto de informar supuestos logros de Gobierno, esto en detrimento de los demás aspirantes a contender por el mismo puesto.

Si bien es cierto, los procesos electorales son el vehículo democrático por el cual se logra la renovación periódica de los poderes en una entidad federativa; también lo es, que dichos procesos se conforman de diversas etapas, las cuales esencialmente se identifican de la siguiente manera: los actos preparatorios de las elecciones; la presentación de las solicitudes de registro de candidatos; el otorgamiento de registro de candidatos; las campañas electorales; la jornada electoral; los resultados electorales y calificación de elecciones y por último, la expedición de constancias de mayoría.

En todas estas etapas se debe observar como valor prioritario por parte de los contendientes el respeto a los principios de la función electoral, los cuales son: el de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, equidad y objetividad, ya que sin estos, en la teoría, es imposible cumplir con la finalidad de vivir un estado verdaderamente democrático.

Las acciones de los alcaldes de Torreón y Saltillo constituyen sin duda actos anticipados de campaña, lo que vulnera la mayoría de los principios legales descritos en el párrafo anterior; sin embargo, debemos admitir que hasta el día de hoy, tanto los legisladores federales como locales, han fallado en su intento de regular esto actos anticipados, es decir, ha sido imposible lograr una prohibición acertada.

En pasadas elecciones, en Coahuila, se han interpuesto múltiples denuncias o quejas, en razón de la realización de actos anticipados de campaña, se instauraron y substanciaron procedimientos sancionadores correspondientes, los cuales todos fueron declarados imprósperos por consecuencia de esta indefinición concreta de la conducta infractora.

Es evidente que esta precariedad en nuestra ley electoral está siendo aprovechada tanto por Isidro como por Miguel.
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