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Dalia Reyes
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02 Junio 2018 04:00:00
Itacate sin fecha
Hay una señora que en Semana Santa recalienta pavo navideño para la comida. Entre lo sabroso que es el recalentado y los muchos niños sin nada para comer en el mundo, este uso humano se ha llevado hasta los extremos.

Yo no sé de ninguna leona haciendo su guardadito de aquello que su viejo león tuvo a bien dejar en el plato. Pudiera ser, en primera instancia, porque no tiene refri; en segunda, porque ellos si aplican bien a bien lo de Dios proveerá.

Adivino: se inventó la desconfianza en la manutención divina cuando la aparición de cierta tecnología capaz de conservar alimentos. Y no, no estoy en contra de ese itacate sin fecha de caducidad, pues soy la primera en añejar tamales nuevos para comerlos al día siguiente; solo creo que, a menudo, este asunto del recalentado se lleva a los extremos o, si fuese un arte, a su máxima expresión tocando, incluso, en el albur.

Si se trata de seguridad, hay una estrecha relación entre historias de vida, cuya difícil situación económica en la infancia los lleva a exacerbar ese aprovechamiento de la comida; aunque también hay épocas que vuelven híper previsora a toda una sociedad. Mi tía dice que cuando eran niños ella y sus hermanos había en casa suficientes recursos –mi abuelo Felipe encontró un tesoro enterrado-, sin embargo, debían eficientar las existencias en la cocina al máximo y dar grandes brincos para alcanzar la canasta.

Yo tengo dos teorías al respecto: O mi abuelo era muy avaro o tenía todavía los rezagos de la época revolucionaria, cuando, seguramente, sus padres fueron testigos y protagonistas de la incertidumbre de la guerra.
Ahora bien, tratándose de fiestas, cada ser humano aporta argumentos válido para elogiar el recalentado: se come con más relajamiento ya sin la presión de los invitados -a mi mamá eso no le funciona porque todos volvemos a aparecer al día siguiente; requiere menos formalidad y pompa poner la mesa del otro día; quiere decir que sobrevivimos a la cena, o simple y llanamente, evitamos que nuestros sacrosantos progenitores nos sirvan pierna navideña el Día de la Candelaria porque “todavía sirve”.

Para victoria del mexicano, un experto en el recalentado, existen en el diccionario 92 formas de conjugar el verbo “recalentar” con sus accidentes de tiempo y modo, así tenemos otro pretexto para usar todo el año el guardadito de Navidad. Por lo pronto, yo les pregunto ¿habéis recalentado ya?

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