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Denise Maerker
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19 Septiembre 2011 04:09:33
Javier Sicilia
Javier Sicilia provoca pasiones. irrita a muchos porque no se limita a pedir que se le haga justicia a las víctimas de la violencia. Y es cierto, que en sus dos Caravanas, ha ido tomando partido por las causas más diversas. A veces acierta, a veces sorprende, a veces confunde.

Y luego sus modos. Irritable y cansado se enganchó con los periodistas que le preguntaban, como solemos hacer, lo mismo una y mil veces. Los insultó y los mandó al diablo. No es López Obrador que podía torear y salir triunfante cada mañana en una conferencia de prensa.

Tironeado por los grupos afines y disímbolos que lo acompañan, un día pide iracundo la renuncia de García Luna y luego se sienta con él en la mesa del Alcázar de Chapultepec.

Les pide perdón a los centroamericanos a nombre de todos los mexicanos por el horror que muchos de sus compatriotas han padecido en nuestro territorio y muchos alzan la ceja preguntándose quién le dio la representatividad para hacer eso.

No se cansan de criticarlo por protagónico y dicen que su atuendo es un disfraz y “que ya se la creyó”.

Es cierto, Sicilia comete errores. No es político y no tiene esa piel dura que se necesita para serlo. Pero nunca ha dicho que esa sea su ambición. Es un hombre acostumbrado a otra tipo de vida, que una tragedia, el horrible asesinato de su hijo, lanzó a las calles y puso bajo los reflectores.

Un sentido agudo del deber lo ha hecho encabezar este movimiento en medio de un duelo que seguro ha tenido que posponer.

Es cierto también que su convicción religiosa lo ha llevado a tener un discurso a veces ambiguo y poco comprendido sobre los delincuentes: que si se pacta con ellos, que si les pide que “le bajen”. Es obvio que él los quiere perdonar.

Pero también es cierto, que él y quienes lo acompañan, han logrado varios triunfos indiscutibles: el mayor de ellos ha sido el sacar a las víctimas de la oscuridad en la que estaban. Hoy las víctimas de la guerra están en la agenda y nadie puede seguir ignorándolas. Ser asesinado era sinónimo de haber sido narco. El movimiento ha contribuido a matizar esa división tajante e inaplicable de los “buenos” y los “malos”. Hoy cualquier autoridad que pretenda minimizar la muerte de alguien bajo el supuesto de que era “un malo” se cuidará mucho antes de hacerlo. Y si no es la Fiscalía para las Víctimas creada por este gobierno será una Comisión de la Verdad, pero el recuento de los muertos, sus nombres y sus historias se hará y no se hundirán en el olvido

Me platican quienes lo acompañan que se le ve harto. Lo puedo entender. Soñará con la paz de su casa y con tiempo para llorar.

Yo creo que todos los mexicanos le debemos mucho, aunque no seamos cristianos, aunque no compartamos todas sus ideas, aunque disintamos de varias. Gracias, Javier.
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