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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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23 Octubre 2016 04:00:00
Jitanjáforas
En días pasados, buscando conceptos de distintas figuras literarias en mis cuadernos de apuntes de los talleres impartidos por mi hermanito Julián Herbert a los que he tenido el honor de acudir, di con una - como siempre suele suceder- que no buscaba, como lo es la jitanjáfora. Término acuñado por el mexicano Alfonso Reyes tomado de unos versos del cubano Mariano Brull y que el primero definió como creaciones que no se dirigen a la razón, sino más bien a la sensación y a la fantasía. Palabras que no tienen un fin útil, sino que sirven simplemente para jugar con su sonoridad. Mariano Brull solía organizar en su casa tertulias literarias en las que sus hijas recitaban poemas a los invitados; y en cierta ocasión, para sorprender a su auditorio escribió el poema “Leyenda” que decía en su primer verso:

Filiflama alabe cundre,
ala olalúnea alífera,
alveolea jitanjáfora,
liris salumba salífera.

Reyes, presente ese día en la tertulia, escogió la palabra más llamativa del poema: jitanjáfora, para identificar así a las hijas de Brull; y posteriormente tomó el concepto para definir este tipo se sonoridad literaria. La jitanjáfora me llevó sin querer a la palabra que más identifico con dicho término que no es sino “palitroche” ¿Se acuerdan de aquel cuento del libro de lecturas de tercero de primaria que nos era dado por la Secretaría de Educación Pública y que se llamaba “Pita encuentra una palabra nueva”, siendo ésta el famoso palitroche? Historia a su vez, producto de la imaginación de la escritora sueca Astrid Lindgren y que forma parte de las aventuras de Pipi Piernas Largas (en realidad debería ser Pipi MEDIAS largas). Y de algún modo palitroche me llevó hasta el poeta Venezolano Eugenio Montejo, específicamente a sus poemas de corte infantil contenidos en un extraordinario texto de nombre Chamario. Chamo, niño entre sus muchas variables en el español de Venezuela, especie de juego de palabras -para variar- de lo que sería en nuestro español “Poemario para niños”; o en una tropicalización más saltillense “Lepario” o “Huercario”. Siendo éste último libro, para fortuna de quienes amamos la lectura, la poesía y los juegos de palabras, un compilado precisamente de juegos de palabras convertidos en poemas, que a pesar de haber sido escrito para niños-niños, puede ser disfrutado por niños de todas las edades; el cual entre otras cosas, se caracteriza por la ruptura de las convenciones literarias como la rima, que respeta y sin embargo destruye al mismo tiempo; como se lee en un par de poemas que he querido dejarles para, de algún modo buscar alegrarles el domingo, y sobre todo el triste regreso a la rutina del inevitable lunes.

La Bicicleta

La bici sigue la cleta
por un ave siempre nida
una trom suena su peta…
¡Qué canción tan perseguida!
El ferro sigue el carril
por el alti casi plano,
como el pere sigue al gil
y el otoño a su verano.
Detrás del hori va el zonte,
detrás del ele va el fante,
corren juntos por el monte
y a veces más delante.
Allá se va al corazón
en aero plano plano
y con él va la canción
escrita en caste muy llano.

El Jinete Gago

De los montes viene el jinete gago
que funde y confunde todos los vocablos.
Al cinto de la esdapa, sobre su callabo
pasa por el pueblo siempre soliratio.
Cuando se detiene lejos en el campo,
toca su guirrata de sones extraños.
A veces de noche sin mucho trajabo,
bajo las estrellas vuela papayagos.
Cerca de mi puerta pasa cabaldango,
Y en mi reconoce su mejor hernamo.
Al final se aleja entre los guirrajos,
Hacia el horizonte siempre soliratio.
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