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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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03 Noviembre 2016 03:00:00
Joder
Lo dije en nuestro Domingo 7 de Radio UNAM y hoy lo repito ante ustedes:

¿No habrá aquí alguna equivocación? Pues no, la noticia ya ha sido confirmada. ¡Entonces paren las prensas! La noticia lo exige. ¡Paren las prensas!

Porque ha explotado la bomba, mis valedores. Peña y el resto de gobernantes, como también el Legislativo y el Judicial, han quedado anonadados ante el suceso insólito: ¡un caso de corrupción en México! ¡Riquezas ilícitas en el Gobierno de este país! ¿En el partido del Presidente? ¿En todos los demás? ¿Entre los grandes empresarios? ¿En los grupos oligárquicos? ¿En el alto clero católico? Aquí debe de haber un malentendido, una equivocación. Cómo perder la inocencia y tener que admitirlo: en el Sistema de Gobierno puede producirse un caso de corrupción. ¡Insólito!

Porque la escandalera la ha alzado el descubrimiento de que el gobernador priista de Veracruz, un tal Javier Duarte amasó una fortuna ilícita. Aún aturdida ante la noticia, la PGR se ha apresurado a actuar; asqueado todavía, el PRI no puede hacer otra cosa que vomitar al corrupto, en tanto que los medios de acondicionamiento social destacan las acciones del infidente en grandes caracteres y con signos de admiración; por su parte el Presidente del país, luego de aclarar, comprensivo, que el flagelo de la corrupción es un fenómeno cultural y que se ha generalizado en sociedad y gobierno, pone el énfasis en su lucha implacable contra la corrupción, y ante los mexicanos mienta una desleída Ley Anticorrupción y una aún más borrosa Ley de Transparencia, con las que el escándalo, atípico y aislado, de Javier Duarte, nunca se habrá de repetir. (Allá, tras lomita, risa burlesca, frente a la oficialidad alcahueta Humberto Moreira, exgobernador, se hace el desentendido, y detrás de él, mueca sardónica, un Emilio Portes Gil que fue presidente del PRI y del país denuncia el cinismo y la impunidad generalizada cuando se trata de riquezas ilícitas y, categórico, lo estipula: “Cada sexenio arroja comaladas de millonarios”. Sin más.

Ahí están los nuevos millonarios a la vista de todos, pero son los corruptos los más escandalizados con la corrupción de ese tal Duarte. Tartufos, simuladores, gesticuladores. ¿Las masas, en tanto, todos nosotros? Empachados de “jáloguin”. Qué país.

Tan vulnerables somos los mexicanos, nos conocen tan bien los de ese sistema de Gobierno, que así se burlan de nuestra pasividad. ¿No es cierto que ya nos tomaron la medida, que ya nos perdieron el respeto y que por nuestra pura ignorancia de la historia y la teoría política nos tornan colaboracionistas de esos que no se recatan para exhibir ante el 54% de mexicanos empobrecidos sus casas blancas y de otro color y demás bienes raíces aquí, en Malinalco y en Ixtapan de la Sal? No, y también su vida de lujos, derroches desbozalados y una falta absoluta de sensibilidad social, de moral personal y de ética profesional, como para recatarse ante la exasperación de quienes a lo impotente asistimos a la cínica depredación de nuestros dineros por parte de esa cúpula gubernamental.

En fin; hoy mismo, tartufos histriónicos, los Duarte y Cía. recurren al disfraz de la sorpresa ante la corrupción, se embrocan la máscara de la moral y montan el tinglado donde representar la farsa de un gobierno de leyes en un verdadero Estado de derecho, y a pregonar ese engaño que apodan Ley anticorrupción.

Ah, simuladores. Pero no, mis valedores: no se levantan con ánimo de joder el país. (¿No?)
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