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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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31 Julio 2018 04:00:00
Juan Caca
Esa idea de ciertos perredistas, y sobre todo de algunos priistas, de cambiarle el nombre al partido me recuerda el cuento de Juan Caca.

El pobre tipo estaba harto de su nombre y buscó cambiarlo a toda costa. Tras visitar muchas dependencias, por fin llega con el funcionario adecuado, que le dice:

“Entiendo su predicamento señor, ¿cómo quiere llamarse ahora?”. Con una gran sonrisa responde el afectado: “Pedro Caca”.

De nada sirve cambiarse el primer nombre si el apellido es el mismo. Igualito le puede pasar en particular al PRI.

“Un partido incluyente, plural y autocrítico. El partido en el que yo pienso es un partido de centro izquierda, con un componente social muy fuerte, más cercano a la socialdemocracia”.

Así respondió Claudia Ruiz Massieu, la flamante (y acongojada) presidenta del PRI, cuando René Delgado le pidió que describiera al nuevo partido que quiere fundar. “Hasta el nombre le podríamos cambiar”, añadió.

Híjole. Se me hace que no importa que le pongan “Pedro” al niño. Los apellidos ganados a pulso por el PRI en 89 años serán muy difíciles de borrar: corrupción, dispendio, impunidad, compadrazgos, ineptitud, justicia injusta, pobreza, inequidad, etc.

Es cierto que el nombre pesa en cualquier producto. Se lo demuestro con una adivinanza: ¿conoce usted los nombres actuales de estas cinco compañías: BackRub, Brad’s Drink, Tokyo Tsushin Kogyo, Blue Ribbon Sports y Stag Party?

Si supo todas las respuestas, me dejó impresionado: Google, Pepsi, Sony, Nike y Playboy. Y sin embargo, el nombre realmente importa poco.

Sí prefiero “googlear” algo que “backrubearlo”. Google tiene un buen nombre, pero su éxito es explicado por su excelente producto: resultados de búsqueda relevantes que incorporan el conocimiento detallado del comportamiento de cada cliente.

¿Qué deben de hacer, entonces, el PRI, PRD o cualquier empresa antes de pensar en cambiar su nombre? Aquí les dejo cinco lecciones de kínder:

1. Identificar con precisión las necesidades de sus clientes (una pista, PRI: son los ciudadanos).

2. Proveer un producto de alta calidad que responda a esos requerimientos: en tiempo, precio y forma.

3. Desempeño consistente en el tiempo.

4. Identificar los problemas y empezar a resolverlos.

5. Estar atentos al entorno para incorporar mejoras al producto por innovaciones tecnológicas o competitivas.

De otra forma, el otrora partidazo podría adoptar el nombre más fregón del mundo (PEM, Partido de la Eficiencia y la Mejora, o el PSJ, Partido de los Santos Justos) y para sus clientes seguirán apestando feo.

Igualito que le pasó a Sound of Music, que cambió su fatal nombre a BestBuy, uno excelentísimo. Y sin embargo, esa marca icónica sufre los embates del comercio electrónico. Están batallando para responder efectivamente ante los cambios del entorno (el punto 5 de la lista).

Una sugerencia final para cualquier partido o empresa que vaya a cambiar su nombre: si no mejoró el producto, no lo publiciten. Promocionar el “buen” nombre de un mal producto es la mejor forma de acelerar su declive, de llegar más rápido al cementerio corporativo.

“Una buena campaña publicitaria puede hacer que un mal producto falle más rápido; más gente sabrá que es malo”.

Sabias palabras de Bill Bernbach, cofundador de la agencia de publicidad DDB. Pues sí. Aun con la mejor campaña, una carcacha seguirá siendo carcacha... y no un Porsche.

Y si un spot miente, el mercado penalizará al producto. Los expertos concuerdan: en el marketing el orden importa.

Por ejemplo, Philip Kottler identifica cuatro P para un marketing efectivo: producto, precio, distribución (placement, en inglés) y promoción. ¿Notó el primero y último paso?

El producto es primero... la promoción va hasta el final.

“Una promesa no es presumir o tener un eslogan. Es un beneficio para el consumidor. Y prometer una ventaja única y competitiva beneficia al anunciante. Pero el producto tiene que cumplir”, explica un artículo clásico de David Ogilvy, uno de los padres de la publicidad.

Ojalá le sirvan estos apuntes al PRI y sobre todo a usted en su empresa. A fin de cuentas, un buen nombre se construye a través del tiempo con hechos y no con marketing, ¿no cree?

EN POCAS PALABRAS

“Es deshonesto promocionar un producto que tu esposa no compraría”, David Ogilvy, gurú del marketing.
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