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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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05 Septiembre 2016 04:00:29
Juanga y Nico
“¿Pero qué necesidad, para qué tanto problema?,” le habría preguntado Juan Gabriel a Nicolás Alvarado, después de leer su polémico texto No me gusta Juanga.

Luego habría añadido “déjame (morir) de esta manera, no hay necesidad de que me desprecies, ponte en mi lugar, a ver qué harías.”

Me imagino esta conversación entre Juanga y Nico, (así se nombra a Nicolás Alvarado en su círculo próximo), como una charla divertida y a la vez cargada de sarcasmo.

En realidad Juan Gabriel le hablaría de usted, porque así se usa en el norte. Alvarado en cambio lo haría de tú, como se prefiere en la Ciudad de México.

“El origen de mi problema (contigo) es que soy clasista”, habría confesado Nico, inconsciente de que esa sinceridad no es políticamente correcta en una sociedad tan clasista.

“Ni modo qué hacer” –respondería Juanga– “nací pobre”, y ya lo entendió usted que, como dice, está condicionado por su circunstancia.

Nico cambiaría el tema: “Me irritan tus lentejuelas no por jotas sino por nacas”.

Le repito lo de las circunstancias –rebatiría Juanga– y se pondría a cantar desde el Noa Noa.

“Me irrita tu sentimentalismo”, añadiría Nico.

Je suis sentimental –contestaría el cantante para luego preguntar: ¿y usted?

“(También) tu sintaxis iletrada” –volvería al ataque el escritor.

Tengo más letras escritas que muchos escritores en este país –remataría el aludido.

Es una lástima que Juan Gabriel ya no esté para sostener su argumento, a favor o en contra de sí mismo: “No hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar; así, sin penas”.

En nombre de esa libertad me parece discutible que el artículo de Alvarado sea discriminatorio. No estoy afirmando que no lo sea, pero me despierta dudas la afirmación.

¿Puede un texto dedicado a hablar de gustos musicales o de vestimenta ser realmente discriminatorio?

Alvarado expresó con libertad su disgusto, pero en todo momento se apuró para confesar que podía estar equivocado por culpa de su contexto y clasismo.

Nunca calificó a Juan Gabriel de naco o de joto sino a sus lentejuelas. En todo caso la referencia que hizo fue a su estética.

En defensa de Alvarado es necesario precisar que se trata de un intelectual público, que en más de una ocasión ha dado batallas en contra de la discriminación. Fue formado por Gilberto Rincón Gallardo, fue fundador de la comisión ciudadana que dio origen al Conapred y participó en la elaboración de la ley para prevenir la discriminación. Tiene además varias publicaciones y artículos dedicados al tema.

Quienes dicen que Alvarado escribió ese texto, en tanto que director de TV UNAM, tienen razón. Así lo afirmó él y a partir de ello hizo algo interesante: explicó que, a pesar de disgustarle la estética de Juan Gabriel, en cuanto se enteró de su muerte instruyó para que esa televisora celebrara un programa especial –de homenaje– dedicado al Divo de Juárez.

Este es el elemento que sus verdugos han perdido de vista. El centro del artículo es la explicación de Alvarado sobre una orden editorial en TV UNAM que fue contraria a los gustos, preferencias, clasismos y esnobismos de su director.

Sólo por esta razón Juanga lo habría perdonado y es que inclusive sus detractores terminaban homenajeándolo; Nicolás Alvarado no es excepción.

ZOOM: yo quiero vivir en un país donde Juanga cante y Nico escriba; así, sin penas. Con libertad, aunque no estén de acuerdo, ni compartan los mismos gustos estéticos. Un país sinceramente tolerante con la diferencia.


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