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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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04 Enero 2019 04:07:00
Juegos de poder
Saltillo soltó la Gubernatura, pero volvió a recuperarla sin elecciones de por medio y desde ahora se prepara para que el futuro candidato sea uno de los suyos. Por vez primera en décadas, el PRI no postuló a un capitalino para el cargo, sino a un lagunero.

La maquinaria tricolor, cuyos motores son las colonias populares, la burocracia, el magisterio y las élites económicas, cerraron filas en 2017 con Miguel Ángel Riquelme, quien aventajó por 28 mil votos al también exalcalde de Torreón, Guillermo Anaya Llamas, postulado por el PAN.

El empresario y político Manolo Jiménez, de 34 años, apostó por Riquelme –el aspirante saltillense al Gobierno era Jericó Abramo Masso– y como recompensa obtuvo la alcaldía. Originalmente iba a ser presidente por un año, pero el escenario cambió al abrirse la puerta a la reelección y el PRI lo postuló para el periodo 2019-2021.

Hoy, en la cresta de la ola, Jiménez pondera al Gobernador y frente a la oligarquía local lo presenta como “el gran aliado de los saltillenses”.

Hace un año, cuando asistió a la toma de posesión de Jiménez, Riquelme ofreció corresponder con inversión el voto de los capitalinos que le permitió ganar por los pelos. Ya antes había prometido que Saltillo sería el municipio consentido de su gobierno, lo cual cayó como balde de agua fría a los laguneros.

En Torreón, el PRI perdió la elección para gobernador por 14 mil votos, además de la alcaldía y las cuatro diputaciones locales. Humberto y Rubén Moreira también fueron derrotados en sus respectivas elecciones, y la ciudad pagó las consecuencias.

El año pasado, la inversión en infraestructura ascendió a mil millones de pesos en Saltillo, destacó Jiménez en el informe que rindió el 10 de diciembre en el Museo del Desierto. Frente a varios de sus predecesores –entre ellos su abuelo Luis Horacio Salinas– y los exgobernadores Eliseo Mendoza Berrueto y Enrique Martínez, puso de relieve el apoyo, la visión y la experiencia de Riquelme.

“Se comprometió a ser amigo de los saltillenses, y está cumpliendo (…) es nuestro mejor aliado”, dijo exultante. El futuro le sonríe y él le corresponde.

“La asistencia colmó las expectativas”, según uno de los organizadores. “Se esperaban 700 invitados y llegaron mil 200”. El futurismo sucesorio paseó por el auditorio de la galería de los dinosaurios y se instaló en primera fila.

No era cualquier informe, sino el de quien podría ser candidato a gobernador después de haber sido alcalde; Humberto Moreira y el propio Riquelme siguieron la misma ruta.

La mirada está puesta desde ahora en 2023. Sin embargo, como la gestión de Jiménez terminará dos años antes de los comicios, necesitará una plataforma para entrar en la carrera. Podría ser un cargo administrativo o de elección. Si es lo segundo, la alternativa sería una diputación federal en 2021, en tal caso, debería separarse de la alcaldía.

Uno de los efectos de la alternancia en el país fue que las sucesiones se adelantaron. Mientras el PRI ostentó el poder, el Presidente en turno marcaba los tiempos y nombraba candidatos en los estados.

La regla según la cual “quien se mueve no sale en la foto” (Fidel Velázquez) no sólo quedó obsoleta desde entonces, sino que se invirtió: hoy, quien no se mueve, se autoelimina.

La sucesión en Coahuila volvió a empezar temprano. Los poderes fácticos al parecer ya tienen favorito, pero si las circunstancias cambian y surgen otros aspirantes –lo cual sucederá–, también ellos mudarán sus preferencias. La oligarquía está con el ganador. Así ha sido siempre. Arropado por la élite política y económica de la capital, Riquelme se declaró “lagunero por nacimiento y saltillense por adopción”.
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