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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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19 Noviembre 2017 04:00:00
Jugando con el abecedario
Ustedes saben, mis sibaríticos lectores, que a este su escritor sin oficio le encantan las curiosidades de todo tipo, particularmente las literarias; de algo hemos escrito en este espacio al respecto y les he traído cualquier cantidad de columnas sobre dichas particularidades. Y algo de lo que no les he platicado todavía es sobre la capacidad de algunos autores de generar textos a partir de personales retos que se imponen al momento de producirlos. Un ejemplo de ello es lo hecho por Enrique Jardiel Poncela, prolífico escritor español que abarcó casi todos los géneros y que a mí me ganchó con dos cuentitos extraordinarios: Un Marido sin Vocación y El Chofer Nuevo, ambos sin usar las letras E y A, respectivamente –las dos vocales más usadas en nuestro idioma–, sin que por ello sufra el desarrollo de la narración ni, mucho menos el manejo del lenguaje. Otro ejemplo similar es el libro de Oscar de la Borbolla Las Vocales Malditas, que si bien en el cuento referente a la última de las vocales hace un ejercicio de originalidad e ingenio, el mismo no pierde fluidez. En esa constante y siempre búsqueda de mí mismo a través de los libros, encontré uno escrito por una sonorense de nombre Dina Grijalva Monteverde, mismo que desde el título me llamó la atención por la vocación de su servidor a los placeres, siendo este Goza la Gula, mismo que es una colección de microficciones elaboradas con palabras que inician con cada una de las letras de nuestro abecedario; pero además dedicado cada una de las mismas a distintos placeres, semblanteados en cada título. Les dejo algunos de ellos para su placer, obvio, uno precisamente el que da nombre al libro. ¡Disfrútenlos!

Banquete de Boda

En Bacurimí, en la boda de Beatriz y Braulio –ella de beige, brillante, blonda; él bombón besable– bailaron barceloneses, banquero barrigones, biógrafos, barredores, biofísicos de bicicleta, bibilófilas, bibliotecarios con bigote y bienaventuradas bisexuales bígamas. Bandolina, bateristas, bandoneón, bembé, bongó, barítonos, bajo la batuta de Blanca Ballesteros.

Botana: bocadillos de boquerones, bandejas con bayas, bellotas y buñuelos.

Bufett: bacalao, birria, bife a las brasas, burritos, barbacoa, brochetas de borrego y brócoli; becerro, berenjenas y bagre en bechamel. Barquillos, bollitos con betún, bizcochos.

Bebidas para beodos: birra de barril, botellas de brandy y Buchanans, botes de Bohemia y bacanora; el barman brindó bastante.

Las brujas, las beldades y las brhadas barajaron con beneplácito. Bacará, balompié, beisbol, básquet, boliche, box, ¡bingo!

La boda bucólica se volvió báquica, barroca, bizantina. Tras bastidores, en medio de la bachata, la babel, la barahúnda, la batahola, la bulla, el bochinche, el bullicio, el bahullo, el borlote, el bululú, la borrachera y la burundanga, brotó el belicismo y brutales buchones buscapleitos bajo banderas balacearon a bautistas, bengalíes, bragados bolcheviques, blandengues bonapartistas, bellos bonaerenses, británicos bipolares, brasileños de botas y budistas con brocado, brazaletes y bucles, Con balloentas, ballestas , bombas y bazucas se batieron beatos, borbónicos, burgueses y burócratas, tras las barricadas de barro. El blanco de boda se volvió bermellón, bermejo, borgoña.

Elogio de Eros

Erasmo escribió y editó un epistolario sobre el erotismo. En los epígrafes exalta lo epicúreo. En una epístola escribe el encuentro de Elsa y Edgar: al enamorarse se entregan al exceso, a la emoción extrema. El éxtasis los eleva al ensueño. Elsa es elegante y encantadora. Edgar la encandila y la embelesa. Se encaman en un edredón y es entonces que los efímeros efluvios del entrepernarse los enloquecen, los excitan. El espíritu de los enamorados se enaltece al encauzar su energía al engarzarse. El emerger del erotismo es un esplendor, es entregar en el embrujo. Se encumbran, se entretienen, se engrandecen, se embriagan, se estremecen. Ellos entran en esencia sin estupefacientes; efusivos y embellecidos se empeñan en el estallidos de emociones exuberantes.

En el epílogo Elsa y Edgar exclaman: ¡Esto es el edén!

Goza la Gula

Guty goza la gula. Él y Gaby gozan en los guateques, con geógrafos de gabardina, gallegos de gafas, gramáticos con guantes, gitanos, galanes griegos, gigantes con giba y gnomos; en la granja de girasoles, gardenias, geranios y glicinas. Sin gazmoñería gastan con generosidad genial y gentileza en gaudeamus: gustan de los guisos de garbanzos, garnachas, gazpacho, guacamole, guacamole al grill, gallinas al gratín, galletas, genuina gelatina gélida, garambullos, grosellas, guyabas, granadas, guanábanas, guamúchiles.

Gozan con glamour y garbo de la gaita, grapa, ginger-ale, gin-tonic, garrafas de ginebra y gin-fizz. Su ganancia es gozar. Gozosos y golosos, con gracia y sin gemir, gustan de golosinas: no a la gimnasia, sí al goce.

Infidelidad

Irene era infeliz con Israel. Estaba inconforme. Isra es indecente, indecoroso, ignorante, individualista, infantil, indiscreto, inconsciente, incorrecto, incorregible, indisciplinado, indolente, incómodo inestable, ingrato, indigno, indeseable, idiota, irritante, insoportable, inmaduro, ineficaz, inútil, inepto. En invierno, en Imala, Irene incursionó con intrepidez en una nueva inclinación: un interesante e irresistible italiano la impactó.

Inmanuel es incitante, imaginativo, impecable, ilusiona ineluctable e inexorablemente a Irene. En la isla con innegable iridiscencia, el instinto a la introducción irrumpió con intensidad iluminando a Irene. Fue una implosión iniciática impetuosa. Inmanuel es insuperable, imbatible, insustituible; Irene esta impresionada, el ingenio de Inmanuel es infinito, la inunda su influjo. Irupé.
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