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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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21 Abril 2017 04:00:00
Juicio en el debate
El primer cara a cara entre los siete candidatos al Gobierno devino en un juicio contra el moreirato. La sentencia contra los hermanos Humberto y Rubén Moreira fue condenatoria por la corrupción, la deuda no aclarada por más de 40 mil millones de pesos, a la cual se sumó este mes un nuevo crédito por 2 mil 100 millones; la impunidad, las empresas fantasma, la crisis de los sistemas de salud, educativo y de justicia, y el “saqueo” de 400 millones de pesos de la Dirección de Pensiones. También, por la “entrega” del estado a los Zetas y por las masacres en Allende y en el penal de Piedras Negras y las desapariciones forzadas.

El periodo de los Moreira comprende los 12 años más oscuros de la historia de Coahuila, acusaron, cada quien a su manera, Guillermo Anaya (PAN), Armando Guadiana (Morena), Javier Guerrero y Luis Horacio Salinas (independientes) y José Ángel Pérez (PT). En otro momento, se acusó a Carlos Moreira de tener secuestrada la educación del estado. Miguel Riquelme (PRI) soportó la andanada, centró sus réplicas en el panista Anaya y ofreció, como lo ha hecho en su campaña, aplicar la ley “caiga quien caiga”. Mary Telma Guajardo (PRD) embistió contra el bipartidismo PRI-PAN e hizo señalamientos tibios contra los Moreira, a quienes no citó por su nombre.

Los aspirantes de oposición reprobaron el decenio de los Moreira en seguridad y justicia, educación y salud pública, temas del debate y propusieron obras planes –algunos coincidentes– para rescatar al estado de la postración. Anaya, Guadiana, Guerrero y Pérez se comprometieron a castigar con cárcel los delitos cometidos por los Moreira y su primer círculo.

El tema recurrente fue la corrupción. Anaya acusó a Riquelme de ser “tapadera” de los Moreira, de haberse enriquecido y de recibir de un contratista una costosa mansión. Asimismo, lo responsabilizó, como alcalde con licencia que es, de tener a Torreón entre las ciudades del país con el mayor número de desaparecidos.

Riquelme respondió con las mismas armas. Habló de que Anaya convirtió a Torreón en una de las ciudades más peligrosas del país, de su millonaria casa en una colonia donde el metro cuadrado se cotiza en 9 mil 500 pesos, de su rancho y de otras propiedades valuadas en 100 millones de pesos. El priista ofreció gobernar con pulso y sin depender de nadie. Sus críticas al gobierno de Rubén Moreira fueron sutiles, pero insistió que cambiará lo necesario.

El candidato de Morena desoyó las peticiones de Anaya de no caer en la trampa de los Moreira para confrontar a las oposiciones y dividir el voto. El independiente Luis Horacio Salinas embistió contra los partidos. Todos, dijo, han decepcionado. “En Coahuila”, advirtió, “no hay Comunicación Social, sino culto al gobernador Rubén Moreira”. Su plan consiste en reducir 70% el gasto anual de mil millones de pesos en ese concepto y destinarlo a mejorar los servicios de salud.

Javier Guerrero (expriista) se refirió a las 200 mil firmas que reunió para su registro como una muestra del deseo de cambio que priva entre los coahuilenses, hizo propuestas realistas con la experiencia de haber sido secretario de Finanzas y advirtió que el cáncer de Coahuila tiene nombre: corrupción. A diferencia de Anaya y de Riquelme, quienes intercambiaron los golpes más fuertes, Guerrero salió indemne.

José Ángel Pérez (expanista), quien padeció a Humberto Moreira como alcalde de Torreón, dijo que hablar de Coahuila, hoy, es decir “saqueo de los Moreira megadeuda, lavado de dinero corrupción, impunidad”. El estado “ya está hasta la madre de todo esto”. En Coahuila huele a alternancia.
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