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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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19 Noviembre 2017 04:08:00
Juicios sumarios
La superficialidad ha tomado por asalto no sólo a las redes sociales, también a los medios de comunicación tradicionales. En ocasiones hasta las peores barbaridades aparecidas en las redes encuentran eco en periódicos sustentados en papel –como ahora se dice– y en los informativos de la radio y la televisión. Gracias a la pereza mental imperante, el “meme” acabó convertido en el sustituto de la reflexión. Es más cómodo sentirse satisfechos con una ocurrencia, que darnos a la fatigosa tarea de pensar y, en casos extremos, investigar. Y así, de ocurrencia en ocurrencia, de “meme” en “meme”, se construye una idea de la realidad cuyas características son la superficialidad y la frivolidad.

Basta una palabra mal pronunciada, un desatino, una expresión desafortunada o, como decían mis tías, un desfiguro, para que ciertos navegantes de las redes se consideren suficientemente enterados como para emitir un juicio definitivo. Tal superficialidad no pasaría de ser una anécdota si no fuera también indicativo de la inmadurez democrática que aqueja a México, pues ciudadanos mal informados no podrán construir jamás una democracia sólida.

Durante los últimos días la superficialidad ha campeado en celulares y computadoras, proponiendo linchamientos. No se trata, por supuesto, de abogar por quienes son sometidos a estos juicios exprés, sino de señalar la frivolidad de los receptores de los mensajes.

Elena Poniatowska, premio Cervantes y cronista de excelencia, fue una de las primeras, en días recientes, en pasar bajo las horcas caudinas y subir al cadalso acusada de racista, para ser ejecutada envuelta en el aplauso del populacho cibernético. Cuando la autora de La Noche de Tlatelolco dijo que las juchitecas de hoy, en comparación con las de hace 60 años, son “gordas e inmensas”, bastó para que la cloaca en que suelen convertirse las redes sociales descalificara su brillante carrera en el mundo de las letras.

Por otra parte, mientras los analistas investigan yerros o aciertos del Gobierno federal, a veces en tareas prolongadas durante muchos meses, los cibernautas, émulos de los césares, levantan de inmediato la mano mostrando el pulgar hacia abajo cuando el presidente Peña Nieto dice que cinco son menos que uno y alguno de sus redactores fantasma –negros, les llaman en Francia– en lugar de escribir Uruguay escribió Paraguay.

De inmediato, el presidente Peña Nieto fue sepultado de nuevo por una catarata de comentarios adversos. La equivocación dio pasto a centenas de comentarios. Es indudable que un Mandatario debe ser más cuidadoso de lo que dice, pero su Administración merece un análisis serio y ponderado para calificarlo. Sin embargo, resulta más cómodo, fácil y rápido enjuiciarlo basándose en la prueba de un video de 3 o 4 segundos.

El siguiente escándalo corrió a cargo de un grupo de diputadas que confundió el recinto de la Cámara con un estadio de futbol y lanzaron el ya famoso “Ehhhhhh p…” a un legislador de un partido diferente al suyo cuando hacía uso de la palabra. Después trataron de disfrazar su grosera actuación asegurando haber dicho “bruto” y no el vocablo utilizado por los fanáticos del futbol. Pero vale preguntar si es correcto juzgar a las señoras diputadas sólo por la vulgaridad mostrada, o debiéramos preguntarnos: ¿qué hacen?, ¿cuál ha sido su desempeño en el Congreso?, ¿en realidad sirven a México?, preguntas cuyas respuestas sí van a lo sustantivo y no se quedan en lo superficial.
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