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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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22 Julio 2018 04:00:00
Juntos poblarán la Tierra…
El poema idealiza las diferencias entre el hombre y la mujer. Palabras bellas, cuidadosamente rimadas. Estoy segura que la intención del poeta pretende halagar al auditorio femenino a través de la polarización de cualidades de hombre y mujer: Fuerza-delicadeza, inteligencia-sensibilidad, pasión-ternura, cielo-tierra, sol-luna.

No cabe duda que por muchos milenios y siglos esta doble y opuesta manera de estar en el mundo funcionó: El padre dedicado a cazar o cultivar el campo, la madre dentro del hogar al cuidado de los hijos y las tareas domésticas, recolección de granos y frutos. Dos mundos distantes. Dos roles diferenciados y separados: Totalmente opuestos.

La era industrial y tecnológica rompió los esquemas y roles de antaño. Hoy un hombre -muy hombre- puede llegar estresado de su trabajo, ponerse pantalones cortos, enfriar una botella de vino blanco o una cerveza, encender su módulo digital, atarse el delantal y ¿por qué no? hacer uso de su creatividad preparando un complicado y sabroso platillo oriental. Una mujer -muy mujer- puede ¿por qué no? cambiar su bata de quirófano por unos overoles de mezclilla, sustituir el bisturí por unas tijeras de podar y recortar los arbustos del jardín haciendo de ellos bellas esculturas. Y cosa curiosa: Ni a uno se le caen los pantalones ni a la otra las faldas. Las pistolas y las muñecas que tradicionalmente diferenciaban los sexos desde la infancia en gran parte han sido sustituidas por juegos digitales. Niños y niñas los disfrutan.

El nuevo concepto de educación ha dado un salto cualitativo: Para el sexo masculino hoy es legítimo tener sentimientos, entenderlos, y aprender una forma adecuada de manifestarlos. Para el sexo femenino ha sido muy valiosa una educación que estimule los procesos mentales lógicos para que el sentimiento no distorsione ni desajuste la objetividad que la vida moderna exige. Las posibilidades de desarrollo y de realización personal se han ampliado para ambos sexos hasta el infinito. Han proliferado las escuelas para padres, quienes comparten y disfrutan la incomparable aventura de la paternidad. En el tercer milenio han surgido grupos de parejas aquí y allá apoyados en la ciencia del comportamiento humano. Es enorme su interés en rediseñar una nueva forma de estar y de convivir con su consorte y sus hijos.

¿Qué cambios presenciaremos en el tercer milenio? Tal vez la mayor participación del padre en la formación de los hijos traerá como resultado ciudadanos más seguros de sí mismos, más orientados al bienestar social. Tal vez las cualidades femeninas utilizadas en hacer rendir la quincena y obtener el máximo beneficio con una mínima inversión trasciendan el ámbito del hogar y se manifiesten en la administración pública. Se requiere cuidar y limpiar, no solo los hogares, sino las calles, los ríos, los mares, los cielos.

Cuentan que un hombre llamado Abur tenía por todo capital un caballo viejo.

Cierto día, habiéndose perdido el caballo en el monte, los vecinos le dijeron: Supimos que todo lo que tenías, que era tu caballo, se te perdió. Qué mala suerte tienes. El hombre contestó: Será mala suerte, será buena suerte, quién sabe. Pasaron unos días y el caballo volvió trayendo consigo varios caballos salvajes. De nuevo los vecinos le comentaron: Supimos que volvió tu caballo acompañado de otros seis, qué buena suerte. Será buena suerte, será mala suerte, quién sabe, les respondió Abur. Tiempo después el hijo de Abur, tratando de domar uno de los caballos fue derribado, y se quebró una pierna. Los vecinos se acercaron y le dijeron: Qué mala suerte tienes. El hombre respondió: Será mala suerte, será buena suerte, quién sabe. Luego llegó a la aldea un grupo de revolucionarios, quienes reclutaron a la fuerza a todos los jóvenes, menos al hijo de Abur, por tener la pierna rota. ¡Qué buena suerte que no se V a tu hijo!, le comentaron los vecinos. Abur les contestó: Será buena suerte, será mala suerte, quién sabe.

Según la filosofía oriental, un acontecimiento no es bueno ni es malo: Es solo un acontecimiento. Su influencia en la vida de las personas determina si el acontecimiento es bueno o es malo.

El resquebrajamiento de los roles milenarios de hombre y mujer ¿será buena suerte o será mala suerte? Depende de lo que hagamos con las diferencias. Para muchos la era industrial es buena suerte, para otros, muy mala. ¿Será buena o mala suerte? Cada quién interpreta los acontecimientos a su manera.

Ha llegado el momento en la historia de la humanidad que exige la utilización de todas las cualidades: Masculinas y femeninas. Y la sabia y equilibrada combinación de ambas. La supervivencia del planeta lo reclama.


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