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Juan Latapí
Juan Latapí
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11 Marzo 2018 03:10:00
Justicia al fin
Tarde pero por fin llegó la justicia; el pasado miércoles el Vaticano anunció que canonizará a Óscar Romero, quien fue asesinado en El Salvador hace ya 38 años. Ese mismo prelado que fue ninguneado e ignorado por el Papa superestar, Juan Pablo II.

EN LA PRIMAVERA DE 1979 el obispo Óscar Romero había escrito una carta solicitando una audiencia con el máximo jerarca católico para denunciar la situación de su país y solicitarle su solidaridad y apoyo.

AL NO RECIBIR RESPUESTA EL obispo viajó a Roma y cuando llegó a las oficinas papales le informaron que no habían recibido carta alguna.

CON DIFERENTES PRETEXTOS Y EVASIVAS los asistentes papales le hicieron aguardar cuatro semanas tratando de cansarlo de esperar para que se regresara a su país.

A PESAR DEL TRATO DILATORIO con todas las trabas imaginarias, el obispo se le apersonó a Juan Pablo II durante un recorrido por la explanada de San Pedro; se identificó, le mencionó el motivo de su presencia ahí y le solicitó una audiencia, y el Papa le espetó “¡Ya les he dicho que no vengan cargados con tantos papeles! Aquí no tenemos tiempo de andar leyendo tanta cosa”.

EL DÍA DE LA AUDIENCIA, cargando siete gruesos expedientes el obispo fue escoltado ante el Papa, le expuso la difícil situación de su país; le enseñó fotos de sacerdotes asesinados y le dijo que la Iglesia estaba siendo perseguida.

AL MOSTRAR LA FOTO DEL cadáver del padre Octavio Ríos el obispo comentó que “después de tanta crueldad todavía dicen que era guerrillero”, a lo que el Papa reviró: “¿Y acaso no lo era?”.

ANTES DE CONCLUIR ESA AUDIENCIA el pontífice le dijo: “Bueno, ya no exagere.

ENTIÉNDASE CON EL GOBIERNO DE su país. Un buen cristiano no le crea problemas a la autoridad”. Luego su santidad lo despidió fríamente.

MIENTRAS EL SALVADOR SE CONVULSIONABA por la persecución y asesinatos a cargo de los escuadrones de la muerte del gobierno, el mismo Papa que advertía a los obispos latinoamericanos de no intervenir en política, apoyaba y promovía la participación en asuntos políticos del clero de su natal Polonia.

UNA DOBLE MORAL QUE TAMBIÉN se vería años más tarde con el cardenal de Filipinas, Jaime Sin.

LO QUE SE PROHIBÍA EN El Salvador y Filipinas se aplaudía en Polonia. Una clara muestra de doble moral.

EN ENERO DE 1980, ÓSCAR Romero regresó a Roma para entrevistarse de nuevo con Juan Pablo II y pedirle su respaldo ante las atrocidades del gobierno de El Salvador y obtuvo como respuesta del Papa: “Rezo todos los días por El Salvador”.

PARA ESE ENTONCES –SEGÚN EL minucioso reportaje de David Yallop- el Papa ya había sido persuadido por opiniones envenenadas para remover al obispo salvadoreño, a quien acusaban de ser comunista, de promover la iglesia de los pobres y de luchar para dar voz a los sin voz.

EN MARZO DE 1980 MIENTRAS oficiaba misa Óscar Romero fue asesinado de un balazo por un elemento de la Guardia Nacional. Este crimen fue el detonante de la guerra civil en El Salvador que durante 13 años cobró más de 75 mil vidas.

ESTE ASESINATO Y SUS CAUSANTES nunca fueron denunciados en una forma clara por Juan Pablo II. El llamado papa viajero no viajó a las exequias de su obispo. Si se hubiera tratado de algún clérigo polaco habría ardido Roma.

TRES AÑOS DESPUÉS, EN MARZO de 1983, durante su gira por Centroamérica, Juan Pablo II al estar en El Salvador pidió visitar la tumba de Óscar Romero; posteriormente durante un sermón ensalzó al difunto y lo puso como ejemplo. Sí, al mismo obispo que meses atrás no quiso escuchar ni apoyar. Otra vez la doble moral.

AÑOS MÁS TARDE, EN LA década de los 90, inició el proceso de canonización de Óscar Romero y hasta el pasado miércoles por fin se anunció su canonización, mientras que el proceso de canonización de Juan Pablo II , el Papa Superestar (como lo nombró la revista Time), tardó apenas unos cuantos meses.

SÍ, ESE MISMO PAPA AMIGO de los poderosos, el papa viajero y protector del tenebroso Marcial Maciel, el de la doble moral.

AUNQUE TARDÓ AÑOS AL FIN se le reconoce a Óscar Romero por su labor a favor de la justicia, de quienes menos tienen, de quienes sufren barbaridades y abusos, de quienes carecen de voz.

POR FIN RECONOCEN AL OBISPO que ha servido de ejemplo para quienes también trabajan para los más necesitados, que predican con la práctica y que hasta la feche siguen siendo vistos con malos ojos, de aquellos que luchan para que podamos vivir en un mundo menos injusto.

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