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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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26 Noviembre 2016 04:09:00
Juventud, sociedad, sindicalismo y política (1 de 3)
Dicen que los sindicatos han cambiado, que no se parecen a las organizaciones gremiales de hace tres décadas. Sin duda así es, pero más que pensar en la transformación de los sindicatos, hay que subrayar que la sociedad en su conjunto es diametralmente diferente, las mujeres y especialmente los jóvenes tienen una participación y una fuerza que no se observaba en los años 80.

No hay punto de comparación entre los niños, los jóvenes y los adultos jóvenes de los actuales tiempos con los de hace 30 años. La formación, el nivel de participación y el liderazgo actual no sólo supera al ayer, sino que puede competir en cualquier espacio y circunstancia con las personas de mayor edad.

El presente de los jóvenes es excelente. Hoy pueden acceder con más facilidad a un sinfín de empleos, que personas de mayor edad. Su preparación y fortaleza es increíble. Sin embargo, su futuro puede ser fatal.

Los menores de 30 años nacieron en la sociedad de la información, saben usar a la perfección las herramientas tecnológicas, acceden con facilidad a la información desde un gran número de fuentes, se comunican con amistades y conocidos sin importar distancias y pueden realizar actividades lúdicas y laborales en forma presencial y virtual. Todos esos elementos les han permitido madurar de una forma distinta.

Los jóvenes del día de hoy participan mil veces más que los jóvenes del ayer. Y lo hacen desde que eran niños. Opinaban desde pequeños en casa y en la escuela, y eran escuchados (y hasta consultados) por sus padres y maestros.

Los menores de 30 años nacieron en un mundo globalizado y competitivo y, por ende, no le tienen miedo a la competencia.

Su contacto con el mundo, con gente distante y distinta, les ha hecho más tolerantes, con menos prejuicios. Se saben iguales los hombres de las mujeres. No existe una marcada homofobia, ni un racismo exacerbado.

Son muy fuertes y capaces. Y sin embargo, su futuro no se observa sencillo. Obvio, nacieron en la era de la incertidumbre. Pero además se encuentran con escenarios prefabricados que les condenan a un futuro de alto riesgo. Tres elementos me parece que ilustran el escenario que se avecina para los actuales jóvenes

La estabilidad laboral es sumamente precaria. A diferencia de sus padres, los jóvenes de hoy saben que pueden perder su trabajo con relativa facilidad. Comprenden además que quizá –muy seguramente– en unos años tengan que desempeñarse en actividades distintas a las que hoy llevan a cabo.

Los sistemas pensionarios les ofrecen un futuro de miseria. Las generaciones anteriores se salvaron y les condenaron a un modelo de (in)seguridad social. Y peor aún, el tema no se encuentra en la agenda nacional. Nadie está exigiendo que se modifique el modelo de cuentas individuales.

Ellos están preparados y son muy competitivos, pero los jóvenes que vienen atrás se encuentran igual o más
preparados.

La solución se encuentra en una amplia y vigorosa participación política y sindical. La fortaleza de los jóvenes se debe observar en las organizaciones gremiales y en los partidos políticos. Una participación que represente una nueva vida para los sindicatos y establezca un discurso y una agenda fresca, madura, valiente y moderna.

La participación de los jóvenes tiene que ser efectiva. No es el voto, menos aún el entusiasta aplauso. Se precisa que se incorporen de lleno a la dirección, que tomen conciencia del pasado y del presente, y encabecen a sus organizaciones sindicales. Que transformen con su visión a los sindicatos y a los partidos políticos. Que tengan en sus manos la conducción del hoy y del mañana. Que pongan su toque moderno, crítico, tolerante.

El futuro de los sindicatos no se encuentra en el hecho de que los jóvenes se acerquen a las organizaciones, sino que las encabecen. Que comprendan que ante tal incertidumbre laboral, sólo tienen oportunidad de salir airosos si logran fortalecer a su organización sindical

Todas las generaciones de sindicalistas tienen mucho que aprender de los viejos dirigentes, esta –sin embargo– es la primera generación que además de aprender tiene mucho qué enseñar.
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